viernes, 29 de enero de 2016

ADIÓS, SMOT | Adiós Josefina





Miércoles, 2 Diciembre 2015
Empieza a hacer frío, Smot, las hojas de los árboles se han puesto la bufanda de colores, aquella que tanto valorábamos de tonos amarillos. Goethe dejó escrito, respecto a las personas que ven en los árboles el sentido trascendente de la vida que, en cada hoja del ginkgo biloba se puede escribir un poema de amor, sus hojas, dos mitades fundidas en una sola, son la esencia del amor. El ginkgo biloba, el árbol milenario, es el árbol de la esperanza de los japoneses. Dicen que el ginkgo biloba extrañan a las personas que les han demostrado su afecto, de aquellas personas que los aman, que se encariñan con quién tuvo el gesto de adoptarlos. Tengo en mis manos el certificado de nuestro Ginkgo biloba, es un breve escrito de hace tres años que nos otorgó la adopción. Puedo asegurarte que el árbol que amamos, ahora luce espléndido con sus hojas de infinitos amarillos.

Durante el breve paseo por el parque y ayudado por la brisa me hizo saber que te extraña. Me senté en ese banco solitario que está a su lado; estuve hablando con él, no te extrañes Smot pero me pareció escuchar sus palabras vacilantes y entrecortadas; el movimiento de sus hojas y el persistente viento sibilante me hicieron entender que no te encuentras bien, estás débil y frágil, pero confía en mí todo pasará Smot, tienes que recuperarte, tienes que fortalecerte, es cuestión de un tiempo corto para que podamos estar juntos.

Miércoles, 9 Diciembre 2015
Estoy muy preocupado Josefina, no he tenido noticias tuyas, sólo dos pequeñas señales para que notara tu presencia. Es un sentimiento ambivalente y contradictorio. Me ha llenado de alegría saber de ti, pero mi intranquilidad aumenta. Yo que no soy creyente hubiera querido preguntarle por ti a Dios, pero no sé sí quisiera escuchar su respuesta. Tengo miedo a su respuesta! Pero en mi rezo profano y ambiguo, le pido una cosa sobre todas las demás, le pido que te cuide, que no te suelte la mano. Que no apague la luz de la estrella secreta que mirábamos a veces, también la luna nos pertenecía. Eran esas lunas de plenilunio que en distintos husos horarios era nuestro punto de encuentro. 

Aquí estoy, Josefina! No te dejaré sola! Sí ya sé que ahora nada es lo mismo, comparado con tiempos de íntimo desespero, de dicha infinita, ahora lo que importa sólo eres tú.  Quiero que sepas que, pase lo que pase, andarás siempre en los caminos de mis pensamientos, mi mano está sujetando la tuya. Y aunque la vida nos cambie, aunque el destino arme su voluntad de forma amarga, todas las noches te hablaré para que te duermas con mi voz... quiero oírte respirar, notar tu aliento en la lejanía, oler tu perfume, necesito saber que tu respiración es constante y que tus ojos brillan como siempre!

Miércoles, 16 Diciembre 2015
Tristemente en ese día de diciembre, a las 9:15 horas, el frío y la noche llegó de improviso, al Ginkgo biloba se despobló de sus hojas, la tierra las hizo suyas cubriéndose del frío. Su tronco y sus ramas quedaron con el alma desnuda. Mis lágrimas anunciaron el adiós definitivo. 

El cielo bajó a la tierra y la noche envolvió tu alma. Desde tu ausencia, Josefina, todo es ruina; hasta los dioses han desaparecido de nuestra intimidad; Deus Mars y Deus Iuppiter nunca más nos regalaran vida, se fueron contigo y, en ese mismo instante, se hizo presente el poema compartido que, en nuestra madurez entendimos perfectamente, el poema de Salvatore Quasimodo: “Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra traspasado por un rayo de sol: y de pronto anochece. 

© Lluís Busom i Femenia



Miraré al cielo para verte entre las nubes
y esparciré al viento un puñado de recuerdos felices. 
Escucharé en silencio, tu silencio omnipresente
y me recostaré con la cara pegada en mi almohada,
oliendo tu piel arada con la pasión de amante
para percibir —todavía— tu esencia vital junto a mí
y tu inmortal espíritu de vida eterna.
LBF

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