viernes, 7 de julio de 2017

CÓNCAVO CONVEXA | Cartas de una cercana lejanía



Cartas de una cercana lejanía
Dessins Auguste Rodin
Musée Rodin, Paris
Tout au fil de sa vie, c'est avec la complicité d'Eros que Rodin façonna son oeuvre. Ses sculptures comme ses dessins sont un hymne érotique, qui suscitèrent bien souvent le scandale en leur temps...

Cóncavo Convexa  
Buenos días tengas mi Dios, te correspondo con mi deidad otorgada. Ciertamente a esta altura de mi vida es tan halagador recibir un saludo tratándome de “Mi Diosa venerada” que descompones mi serenidad arrebatándome emociones y sentimientos. Pienso en todas las mujeres que desean ser mimadas, tenidas en cuenta, respetadas, valoradas por sus hombres y en las pocas que tienen la felicidad de ver sus deseos hechos realidad. Tus palabras dichas y escritas te imprimen mayor valor a lo que ya reconozco en tu escritura y en tu forma de expresarte; ese don que posees debo cuidarlo y, créeme que lo hago con devoción en mis respuestas. Afortunadamente sabes, y ya sin ninguna duda, que formas parte de mi vida, que te quiero a morir, que te llevo en mi piel y en mi corazón y que no son pocas las horas del día que te dedico. Es una maravilla como tú dices, gozar íntimamente este mundo secreto que nos hemos otorgado. Nos pertenece y debemos preservarlo de aquellos que nos rodean.


Leí un artículo sobre el gato del escultor Fernando Botero en la Rambla del Raval, de tu Barcelona, y de sus innumerables traslados y ubicaciones que ha sufrido dentro de tu ciudad. Me resultó muy entretenido de leer e informativo, si bien tú ya me habías puesto en el tema, el artículo por momentos me hizo pensar en mi cercano viaje a Barcelona. Quiero tocarle las pelotas al gato de Botero —no te pongas celoso— las tuyas también, porque dice la leyenda que quién se las toca volverá nuevamente a ver el gato y, por tanto, esa persona volverá a Barcelona. He estado en tu ciudad tres veces, me gusta mucho Barcelona, es después de París, la ciudad que más me gusta.(No te enfades!) Espero que en esa cuarta visita, Barcelona se convierta en mi preferida gracias a que tú serás mi anfitrión y, como tal, me brindes adecuadamente tu total atención a mi persona. Me encantan las sábanas de seda que has comprado y las sábanas con dos tonos de gris, me parecen preciosas. ¿Cómo sabías que el color gris es el que más me gusta? Me encantará estrenar estas sábanas de seda, sos un capo Lluís, me revolcaré en ellas cuando en febrero esté en Barcelona. ¡Ya va siendo hora de que arruguemos las sábanas!


Son tantas y abundantes las cosas que me ocurren en un mismo tiempo que lo definiría como el torbellino de la vida. Somos una unidad cóncavo convexa, ambos somos mitad que nos abrimos para recibir a la otra. Nosotros estamos dentro y fuera de ese torbellino —fuera— con nuestras vidas separadas y nuestros entornos hechos  y —dentro— es donde nos encontramos tú y yo. Nos escribimos, nos acercamos, nos enamoramos y nos amamos. Es increíble nuestra historia, al menos lo es para mi y lo pienso por el hecho especial de ser mujer, tengo muy presente que a la mujer casada no se le permiten ciertos atrevimientos, siempre hago esa reflexión pensando que, como mujer abrir una puerta a lo desconocido para acercarme a un hombre que me interesa es un camino peligroso, pero llevo la falda muy bien puesta y asumo el riesgo. Ya sabes, llegaste tú y quebraste todo lo que faltaba por romper de mi matrimonio, fue como en la canción de Chris Rea —Thinking Of You— tú eres como un verano indio en medio del invierno; me gustas como un caramelo duro con sorpresa en el centro... ¡Sos lo máximo!

La evolución de los sentimientos no se pueden manejar con lo que dicta la mente por los convencionalismos sociales. De los sentimientos, altos y bajos, se encarga el cuerpo y el corazón de actualizarlos, y de anteponer prioridades. Con los sentimientos sucede que sin proponértelo se desencadenan por factores que sobrepasan el confort de una estabilidad personal, incluso van más allá de las cuatro paredes de la espléndida casa en la que una pueda vivir. Más de una vez —como me ha ocurrido a mí— son factores externos los que determinan que los sentimientos se rindan a personas que están al margen de donde una cohabita; lo lamentable sería que los sentimientos los matáramos en pos de intereses propios y ajenos, buenos y mezquinos ya que, caso de aniquilarlos, sería una de las heridas más penosas que un ser humano podría causarse a sí mismo.


Con seguridad deben existir, en otras mujeres, tantas otras historias, mejores y peores, que han aparecido sorprendentemente en ese mundo de las redes sociales o como nuestra historia de amor iniciada a través de tu blog. Para mí, como para cada una de ellas, sus historias son únicas, son incomparables, son irrepetibles, son inimitables, en esas cualidades radica el valor que cada una de las mujeres puede llegar a lograr. Y esto es precisamente lo que me está sucediendo contigo. Me gusta estar compartiendo vida contigo, siento que nuestro universo es hermoso, cautivador, posiblemente lo sea por no serlo a plenitud. Universo adornado y armado de tantos detalles que no son nada comunes en la relación convencional de las parejas; eso hace que me sienta exquisitamente tratada, respetada y amada. 

También cuando a mi edad —con más de 30 años de matrimonio— matrimonio que he acotado el cauce y los límites del mismo y, en mi conformismo vital, esperaba poco de la vida en el sentido de que aquello que, como mujer sentí y anhelé de joven sin conseguirlo, pudiera aparecer algún día. Se presentó, fuiste tú Lluís, con tus palabras irresistibles, pujantes, intensas e indomables. Abrí una puerta a lo desconocido con la fuerza de un torrente desbordado, sin cauce, con la rapidez y la fuerza imparable de tus palabras que fluyeron como un regalo a mis oídos y penetraron anegando todo mi ser vibrando sincrónicamente con lo que toda mi vida había deseado en un hombre. Conseguiste mi fascinación de mujer, devolviéndome mi sueño como si fuera una dieciochoañera descubriendo aquello tan hermoso que un día, ya muy lejano, fue mi sueño de mujer.


Nuestra imaginación y nuestra expresión escrita y oral son el motor que lo hace posible, el factor distancia —doce mil kilómetros— es el que permite que se desarrolle tan espontáneamente. Tu voz a través del teléfono ha sido lo que ha dado el auténtico valor a mis deseos ocultos e inconfesos de mujer. Hay días en que pienso en lo osada que soy con mis respuestas, comentarios, acotaciones y acciones, seguramente la distancia que nos separa obra como un confesionario, no por nada alguna vez me prometiste amarme, vestido tú con ropa y anillo de cardenal, seguramente es así como muchas veces te sientes, mi confesor, mi protector, mi Pigmalión, bueno a decir verdad, has sido mi Pigmalión en los aspectos sexuales, si bien yo no soy virgen al encontrarnos, tú me has encaminado por senderos nuevos, muy alegres, muy festivos, muy atractivos, muy desconocidos y muy dulcemente degenerados; deseo siempre poder compartirlos contigo. A diferencia de la obra de George Bernard Shaw tú no me convertiste en una dama refinada, porque ya lo soy reconocidamente dentro de mis círculos en la sociedad a la que pertenezco; pero sí en una nueva mujer que ha aprendido a comportarse y a gozar con naturalidad el universo del amor, un calidoscopio afectivo y romántico de intensa vida contigo.


En mis celos incontrolados estaba absolutamente segura que no estaría dispuesta a amarte esta noche, contradicciones de una mujer que está atrapada por tu persona. Me molesta por ser nuevo en mí ser una mujer celosa, nunca lo fui. En el transcurso del día, gracias a tus escritos, fui recobrando todo mi amor y mi pasión por vos, con el nerviosismo propio de una mujer que desea morir por vos. Comencé a contar cada minuto que faltaba para la hora en que nos encontraríamos; pensé en la ropa que me pondría, en las palabras de amor que te diría al amarte, sólo uno de mis sentidos estaba expectante y el más esperanzado, hasta que al fin pude estar contigo, oír tu voz, fue el maravilloso corolario de la acción imaginada.

Piensa, Lluís que cuando cogí el teléfono para atender tu llamada para encontrarme contigo en esa noche en que podemos hablar porque son las horas en que estoy sola y en esta liberación de la compañía conyugal, mi intimidad imaginada contigo se agiganta. Deseosa de ti, mucho, pero esta noche me sentía distante y celosa por tantas mujeres que parece que te persiguen. Las primeras palabras mías no fueron de entrega incondicional, pero tu voz pausada y tus palabras convincentes de afecto y cariño obraron el milagroso cambio en mi disposición. Tus palabras conciliadoras fueron como un bálsamo para mi cuerpo y mi piel que, poco a poco y sin darme cuenta fue surgiendo en mi cuerpo la necesidad de abrazarte, de sentir la necesidad de amarte, de perderme contigo en esa hora mágica y virtual que es nuestro mundo secreto. Tu voz y tus palabras se confundieron con mis sentidos, todos estaban en alerta, mis ojos imaginando tu pelo, tu barba, tu boca y, en mi pensamiento, mi tacto jugando a acariciar tu piel —siendo la mía— mi boca deseando mezclar mi saliva con la tuya, siempre creo que tu aroma se unirá al mío transformándose en almizcle.

Amado mío, no dejo de pensar en nuestra conversación telefónica, tu voz me cautiva, necesito de este momento mágico, eres tan dulce y tan dueño de tus palabras que se van filtrando por mi estado de ánimo hasta que toda yo empiezo a morir por poseerte, sentía que no me era suficiente una boca para recorrer tu cuerpo, deseaba penetrar en tus venas, nadar en tu sangre, bebiéndote lentamente, gota a gota, dejando que entres en mi, tal cual eres, con todo tu amor y tus instintos. Mi cuerpo era una invitación a vibrar, a gozar, una invitación a morir de amor abrazándonos el alma. Todo esto lo provocaste con tus palabras, palabras sin ninguna carga erótica, simples palabras de cariño, de acercamiento, de contención, de interés, de paciencia. ¿Me explico bien, amor? ¿Te das cuenta de cómo vas penetrando en mí? Amor, con esas palabras hiciste que te deseara hasta el delirio, busqué en mi mente las descripciones que tan bien haces de todo lo que nos gusta cuando nos amamos y, oyéndote murmurar esas palabras de amor, pidiéndome más y más cercanía, cedí. En mi oscuridad habitacional premeditada, de la nada, como una luz apareció tu imagen a mi lado y me vine contigo abrazada a tu cuerpo, me colgué a tu voz, a tus suspiros como una gata caliente.

Fue un momento mágico, un momento vivido en otra dimensión, darte mi amor por teléfono fue perder el control de mi realidad, fue entrar en tu piel obviando la inmensa distancia que nos separa, fue amarte más allá de lo imaginado, fue sublime. Nuestras palabras hasta hace pocos días, mudas, únicamente escritas, desde hace pocas semanas están cobrando vida y sonido, obrando maravillas; oír la musicalidad del te quiero, en tu voz, le dio más vida a mi vida. Gracias mi amor por quererme, por ayudarme a ver el porqué de mis reacciones, por aceptarme con todos mis defectos. Aún no encuentro la manera de serenar mi espíritu, finalizada nuestra charla telefónica, me quedé tendida sobre la cama pensando en tu voz, en tus palabras, buscaba la forma de atrapar ese momento glorioso, no quería que ningún detalle se borrara de mis recuerdos y, de pronto comencé a llorar, no estaba triste, todo lo contrario, pero tampoco mis lágrimas tenían un origen en la alegría de ese instante compartido, no pude encontrar la razón de mi llanto, es extraño, pero no es la primera vez que me sucede, en otras ocasiones, después del éxtasis, de la pequeña muerte pensando en vos, en tus manos, en tus palabras, también he llorado.

Cuanta razón tienes al decir que el placer de nuestra piel se agiganta cuando conscientemente demoramos cada uno de los actos que nos llevan a la culminación de nuestros deseos. Coincides plenamente con tu enemigo que dice: "Lo lento, lo formal, lo ritual, lo teatral, eso es lo erótico. Es una espera sabia, la precipitación nos acerca al animal, más bien." Mario Vargas Llosa, en su libro Los cuadernos de Don Rigoberto.

Tus palabras describiendo nuestros  instantes culminantes son imaginativas, son una caricia; la forma en que me lo cuentas, tienen vuelo, tienen fantasía, puedo interpretar en mi piel las caricias de tu mano, seguramente de esa mano salió toda la energía que guiaba la mía en la búsqueda del éxtasis. Nuestros actos de amor tienen poesía, nunca imaginé poder amar de esta manera, ni en el más creativo de mis sueños pude encontrar imágenes de tamaña belleza. La delicadeza de nuestras palabras, la finura de la puesta en escena, la risa franca y despreocupada de ambos por los vocablos desvergonzados, puras barbaridades que conforman la belleza de nuestro acto de amor. Responder a tus palabras y, hacerlo con otras que estén a la altura de la tuyas, se torna una tarea de alto riesgo, es como caminar por un campo minado de besos, de azotes íntimos, de caricias libidinosas, es como encarar desafiante al viento de la pasión, es como nadar en un mar de secreciones amorosas, termino deseando remontar la ola del apasionamiento y el abandono más maravilloso en esos momentos brutalmente mágicos que una mujer puede sentir.
J.F. Delacroix
© Lluís Busom i Femenia
  

Dessins Auguste Rodin
Musée Rodin, Paris
Tout au fil de sa vie, c'est avec la complicité d'Eros que Rodin façonna son oeuvre. Ses sculptures comme ses dessins sont un hymne érotique, qui suscitèrent bien souvent le scandale en leur temps...



jueves, 20 de octubre de 2016

LA SOMBRA ENCADENADA




Ognuno sta solo sul cuor della terra, trafitto da un raggio di sole: ed è subito sera.  Solitudine | Ed è subito sera | Salvatore Quasimodo



La sombra encadenada
Cuantas veces en mis paseos solitarios, paseos de reflexión, tú te presentas de improviso acaparando mi mente. Un tiempo de íntimo recogimiento en que se agolpan tus palabras de ayer entrelazadas con las mías, también de ayer y las de hoy. Me gusta pensarte mientras paseo por nuestros jardines de Vil·la Amèlia, me encanta este nombre desde que ambos profundizamos en conocer la etimología de su nombre y, entre las varias que existen, escogimos la más afín a nosotros: nombre que deriva del griego amalh (amále), forma femenina de amalov (ámalos), que significa, tierna, delicada y sensible..

Jardines donde hace años adoptamos a nuestro amado árbol, el Ginkgo biloba, el árbol que tantas complicidades vividas esconde de nosotros. El Ginkgo es el símbolo de nuestra interpretación del realismo mágico, de él extrajimos la esencia de nuestros escritos en los que su finalidad no era la de suscitar emociones, sino expresarlas. Fue nuestra cómplice actitud frente a la realidad, hasta que tu rayo de sol inesperadamente anocheció y la fría oscuridad eterna te envolvió.

El Ginkgo, es considerado el testigo del tiempo. Darwin llamó a este árbol con toda propiedad —fósil viviente— pues está considerado como la especie superior viva más antigua del planeta. En la milenaria China es valorado por su carácter mágico y sagrado, pues es una representación viva del cosmos, con sus elementos sombríos y luminosos, dinámicos y estáticos, que están en continuo equilibrio entre fuerzas opuestas. El Ginkgo representa la dualidad del mundo: el principio masculino y el femenino, el cielo y la tierra, lo visible y lo oculto, el Sol y la Luna, el Yin y el Yang. La naturaleza es obstinada en sus enseñanzas, tiene muchos recursos y es sorprendentemente sabia. Las especies, para no extinguirse, mutan, se hibridan, se adaptan a nuestras agresiones, hibernan, estivan, las mejores y las más fuertes sobreviven. No todo está perdido.


Nuestro Ginkgo es un bello ejemplar de muy pocos años, unos diez. El Ginkgo es un árbol dioico, el cual tiene sólo flores unisexuales; existiendo árbol femenino y masculino. El nuestro, es un árbol masculino situado en el extremo Noroeste del recinto y, al caminar, en un día soleado, en mis paseos de íntima soledad, abstraído en mis cavilaciones de tiempos vividos, llego a imaginar que la sombra que proyecta mi persona, es la tuya. Es como sí nuestro Yin-Yang se fundieran en una sola dimensión, en una sola persona. Es como llevarte de paseo conmigo, un paseo placentero en el que no solamente me acompañas en mis pensamientos y en mis recuerdos, sino que la sombra proyectada en el suelo tú siempre estás cercana a mí. Unas veces por el efecto de la elevación cenital del sol, eres una sombra pegada a mí, intensamente pegada a mí; una sombra casi invisible para las demás personas y, en otras, al finalizar la tarde, eres una sombra muy alargada, descaradamente despreocupada, juguetona, casi una sombra exhibicionista e independiente de la mía, como sí el secreto que mantenemos de que no nos vieran juntos hubiera desaparecido.

En mi paseo tranquilo y cuando el sol ya está declinando y queda poca gente en el recinto de los jardines, mi pensamiento se sobresalta porque te percibo más provocadora y despreocupada que nunca, ya que en ese momento aparece en ti todo el vigor de mujer coqueta y desenfadada. Tu risa se hace presente, tus guiños cómplices me apabullan, pienso en la mujer juguetona que siempre has sido, esa mujer osada y cariñosamente atrevida y descarada. Has sido una mujer transgresora que encuentras vida en todo lo que te rodea. Eres una sombra encadenada pero juguetona, revoloteas alrededor mío separándote de mis pies, haciéndome enfadar, provocándome hasta el infinito para que mi nerviosismo del momento se vaya acrecentando. ¡¿Cómo explico yo a la gente que pueda vernos que mi sombra no está unida a mis pies?! Mi enfado es transitorio porque sé que después en nuestro íntimo recogimiento lo aplacarás con todo el cariño y, mi enfado provocado por ti, será el acicate de todo ese proceso maravilloso de mimos, caricias y tú, que sabes pedirme perdón con toda picardía, me desarmarás como otras tantas veces hiciste en vida. Ahora tu lúdico acercamiento me hace recordar tus generosas y amorosas palabras de siempre: lo mejor de nosotros está en las reconciliaciones.


Estar contigo por unas horas Smot —aunque sea en mis pensamientos— tal como tú me decías: no es poca cosa. Sin duda esos momentos de íntima reflexión tienen la grandiosidad de que pervives, todavía existes y estás cercana. Tengo que reconocerte la feliz influencia que has tenido y has proyectado en mi vida. Perdurable y vivo es el afecto y el cariño que nos tuvimos.

—Amado mío, tus palabras, —las que  ahora forman tu escrito—, me llegan y me reconfortan saberlas desde la fatal lejanía impuesta e irreversible, pero no desde el olvido. Seré, sí tú lo deseas, tu Josefina, tu fiel amante y me tendrás junto a ti para siempre. En este etéreo contacto todavía percibo la ternura y el afecto que hay en tus palabras. Gracias amado mío, déjame terminar este extraño escrito tuyo con unas palabras mías cuando —nuestra lejanía era cercana— tu me escribiste una bellísima reflexión bajo el epígrafe “cuando se acabe el mundo” y yo te decía: Me encanta tu razonamiento y tus palabras y, sí pudiera firmar un contrato para que el final de mi vida fuera el que tu me describes, lo haría. Recuerda, amor mío: mon manège à moi c'est toi!!!
© Lluís Busom i Femenia





lunes, 10 de octubre de 2016

EL JARDÍN SECRETO EN UN TEJADO DE PARÍS


Le jardin caché sur le toit de Paris
El jardín secreto en un tejado de París es un jardín que se esconde en el corazón de la ciudad de París. Es el jardín elegido por dos amantes para entregarse su amor por primera vez. Es un jardín suspendido, encaramado sobre el tejado del edificio de la casa Hermès, en el número 24 de Faubourg Saint-Honoré, en el VIII Distrito de París situado en la orilla derecha del río Sena. También es conocido como distrito de l'Élysée, dado que en él se encuentra la residencia del presidente de la República. 

El amor consiste en dos soledades que se protegen, limitan y procuran mutuamente hacerse felices.  Rainer Maria Rilke.

Que hayas usado tu faceta de escritor, en lugar de proponérmelo por teléfono, es divino. Lo encuentro romántico, tierno, dulce como el mejor de los sabores dulces. Tus palabras escritas con la premisa "Propuesta", son para mí una cesta repleta de flores, diferentes flores a descubrir y a disfrutar. Por otra parte me gusta tanto este mundo del negro sobre blanco y de su consistencia en el tiempo que he aprendido a valorar cada letra, a respetarlas como si tuvieran vida, como sí no precisaran de mí para formar las palabras que necesito. Tus palabras escritas cada día las quiero más, ya que me ayudan a estar cerca de ti. Son ellas las responsables de nuestro encuentro, de nuestra continuidad y, ahora, son portadoras del mejor mensaje de amor que pudiera esperar.

Seguramente mi comentario sobre "Le jardin sur le toit de la Maison Hermès" era subliminalmente una invitación a encontrarnos en ese jardín, no lo sé con certeza pero fue un sueño que imaginé mirando ese mapa de la Rue Faubourg Saint-Honoré, seguramente pude hacerlo porque es tanta la fuerza con la que vivo nuestros escritos que tengo alas en la mente. Como siempre lo nuestro se engrana como en una cadena. Tú, amado Lluís creas ese mapa que encuentro adorable y yo me enamoro de la imagen. Me haces volar con el pensamiento, vuelo muy lejos y describo mi vuelo como mujer, como tu mujer y el sueño se agiganta. Es evidente que tú con tu propuesta le sumas más eslabones a lo que ya era nuestro sueño y adquiere consistencia, como siempre entramos en nuestro mundo Moebius.

Me sorprendes, me ilusionas, me conmueves y te lo escribo con toda la emoción del momento, la misma que sigo sintiendo en ese instante mientras te escribo. Ahora estoy adivinando donde están las letras porque no puedo ver las teclas, ya que estoy llorando, no me preguntes, porque no sabría decirte que fibra tan íntima has tocado para que me pase lo que me está pasando. Soy tan romántica, boluda, que se me ocurre pensar en los amantes del Siglo XIX y en sus cartas con alguna señal de una lágrima sobre el papel y me pregunto: ¿Dónde van las lágrimas de nosotras las amantes por Internet?

Por cierto tu propuesta, como corresponde, está esperando una respuesta; es cierto que ya la conoces, pero te debo confirmar que estoy feliz y que, como siempre, pienso que un sí es una palabra muy poco contundente. Lluís, amor mío, quiero con todo mi corazón hacer realidad tu propuesta, quiero pasar unas horas, unos días a tu lado, quiero amarte con todo mi cuerpo, quiero impregnarme de vos y me dure el resto de mi vida, aunque no podamos vivir juntos porque nuestras vidas están demasiado hechas, pero no renunciemos del todo, dejemos una ventana abierta a lo posible, no te quiero renunciar... Quiero, con toda mi alma, realizar este sueño, seamos inteligentes, sabios, precavidos y discretos en cada uno de nuestros gestos, de nuestros actos para que mi entorno familiar no me descubra; soy una mujer casada y debo guardar las apariencias. Amor mío, más allá de la poesía y del romanticismo que me ha prendado esta noche, más que otras, te digo abiertamente que acepto con todas las consecuencias tu propuesta con todo mi corazón. París será nuestra ciudad.

Mi vida, siempre seré tu Smot, ese término cariñoso con el que me bautizaste. Ahora que ya sabemos donde se han de dirigir nuestras almas, ahora que ya sabemos el día de nuestro encuentro dame tu mano y caminemos unidos en el pensamiento, andemos inmersos en las ilusiones, andemos unidos para complacer nuestros deseos. Mis ojos son los tuyos y en tu consentimiento, los tuyos son los míos; miremos la vida con ojos jóvenes, sintamos la omnipotencia de poder gravar eternamente este instante como un deseo único y perpetuo. Debes saber que valoro mucho tus escritos, amado Lluís, que admiro tu ingenio, para mí eres luz, te quiero amado mío. Créeme, estás en mi, todo el tiempo y, cada vez que puedo vuelvo sobre tus escritos y me sumerjo en ensoñaciones; nos entendemos con palabras, nos abrazamos con palabras, nos amamos con palabras, por suerte tú tienes tantas para darme que me siento amada y una mujer privilegiada. Quiero hacerte sentir lo mismo que tú me provocas dándote las mías. El sol ya no tiene lugar en esta historia, son las tímidas estrellas que cortejan a una tenue y pálida luna, testigos de nuestro deambular parisino en busca del mejor de los jardines que nos acoja y nos dé la intimidad buscada. Ese lugar donde podemos sentir que nuevamente somos Eva y Adán, sin el peligro de la serpiente y con la libertad de saborear los frutos del árbol del bien y del mal.


   Notre livre Rayuela et una feuille de Ginkgo biloba du Parc Monceau Paris

Al igual que los personajes descritos por Julio Cortázar en Rayuela, — la Maga y Oliveira—, en su rítmico desenfreno sensual y en su convulsa vida de amantes, nosotros —los protagonistas— compartimos, en nuestro encuentro parisino, la atracción de visitar locales, itinerarios y hoteles que están descritos en Rayuela. Participando de sus lecturas: (...) "a la Maga había que besarla profundamente, incitarla a nuevos juegos y con la reconciliada, crecía debajo de él y lo arrebataba, se daba entonces como una bestia frenética, los ojos perdidos y las manos en el cuerpo de Oliveira exigiéndole las servidumbres de la más triste puta, le hizo beber el semen que corre por la boca como desafío al Logos, le chupó la sombra del vientre y de la grupa y se la alzó hasta la cara para untarla de sí misma en esa última operación de conocimiento que sólo el hombre puede dar a la mujer y la tuvo entre los brazos amándola intensamente." (Rayuela - Capítulo 5)

Estamos embebidos de los personajes de su novela y buscamos un marco especial para culminar nuestro encuentro en una tarde noche de amor apasionado. En nuestra búsqueda construimos pequeños mundos paralelos que son en esencia como nuestros escritos envolventes, en que la piel y los sentidos, conforman un universo propio. Ahora, en París, los dos juntos somos amantes de pleno derecho, se acabó la virtualidad, ahora tenemos la ocasión de entregarnos físicamente a nuestro amor. Llevamos años soñando con este momento de encuentro, para realizar en el jardín elegido el mismo sueño descrito en palabras en nuestra intensa relación epistolar; palabras que nos han permitido saber de nosotros, un todo y una nada, un todo íntimo y una nada de vida en compañía, pero todo un universo de sentimientos. 

¡Ahora, amor, el tiempo de la ilusionada convivencia es nuestro, nos pertenece. Amor, Je suis fou de toi, me siento maravillosamente bien contigo, me gusta cuando jugamos a quitarnos la ropa, cuando mis palabras van describiendo lo que estoy haciendo con tu cuerpo y siento en mis entrañas lo que tú haces con el mío, adoro ese tiempo infinito en que tú dedicas a mi cuerpo. Cada segundo que tus labios besan, mordisquean o lamen mi piel me sumerjo en un tiempo cóncavo convexo delirante de placer. Son espacios de tiempo sublime en los que encajamos a la perfección. Me gusta tanto cuando terminamos abrazados notando tus jadeos y el calor de tu cuerpo; en ese instante el mundo se podría acabar, y me daría igual porque lo que experimento contigo es realmente el goce supremo.

J'adore qu'on se chuchote tout bas des mots d'amour. Me fascina que me hables en secreto murmurando cuando tus palabras susurradas nacen del fondo de tu ser y tienen un tono sombre, un peu obscur, tienen algo de prohibido. Me encanta jugar con mi hombre y abrir esa camisa rosa; eres ma petit pervers, ma petit salaud, le roi de la débauche. Me siento pequeña, me siento felizmente indefensa esperando en mi estruendoso silencio te comportes como un verdadero degenerado...

Mon chou, el jardín es nuestro! Nuestros deseos íntimos tantos años alimentados en explícitos escritos, por fin estamos en París para culminar nuestro amor. Es tiempo de mirarnos a los ojos, de abrazarnos y sentir el calor de nuestros cuerpos. Caminar asidos de la mano vamos adquiriendo, en ese encuentro premeditado, el inevitable nerviosismo y el apasionamiento de un amor secreto en una tarde noche de verano que es consumado en un escondido y secreto jardín parisino... le jardin caché sur le toit.

La ciudad, nuestro París ha oscurecido y el jardín secreto queda únicamente iluminado por unas guirnaldas de bombillas entrelazadas en los árboles del jardín; un manzano, un peral y un espléndido magnolio florido, da al jardín la calidez y la fragancia envolvente de sus flores; un acogedor rincón que permite pensar que estamos en el corazón de un pequeño paraíso. Las flores de magnolia son muy perfumadas y su delicado aroma predispone nuestra piel para un abrazo de lo más íntimo.


Este amor que sentimos lo hemos vestido durante años de virtualidad con alas de nuestra imaginación, alas etéreas, translúcidas y livianas pero increíblemente poderosas cuando remontamos el vuelo en busca de la pasión; en el paseo por nuestro jardín eso lo saben, son testigos, los dos querubines que franquean la pequeña escalinata del jardín sobre el tejado de París, lo saben y nos envidian, porque desde su estatismo glorioso, desde su mueca de alegría y superioridad han sentido el calor de nuestros besos poderosos, besos tan apasionados como si fuera el beso de Chagall a Bella, al igual que la representación en su cuadro, nos permiten flotar entre las rosas, manzanos, perales y magnolios de nuestro Edén particular.

Abrázame amor, piérdete en mi pelo y yo lo haré en tu barba, me encanta despeinar tu pelo blanco, juguemos a descifrar nuestros aromas, nuestros olores, fusionados con el perfume de las últimas magnolias blancas del fin del verano y de las escasas peras y manzanas que se resisten a caer de sus árboles. Bésame amor, embriágate con mi aroma de mujer, de hembra deseosa de tu cuerpo, siente como mi boca, espera a la tuya, palpita mi entrega en un beso, antesala de mi rendición total, siente mi lengua como se acaricia con la tuya, como le dibuja los mimos y los roces que nuestros cuerpos reciben sedientos de placer. 


—Trágame amor, soy tuyo Josefina, bébeme en exceso, quiero que los ángeles se derritan de envidia o echen a volar henchidos de placer. Esta noche parisina ya es sólo nuestra, nos pertenece; la hemos soñado tanto, la hemos sublimado tanto que, ahora, sí podemos decir con rotundidad que la realidad es más imaginativa que la ficción. Ahora, sí estamos unidos los dos en uno, como la hoja del Ginkgo biloba descrita en el poema de Goethe.

Ven amor, volvamos a perdernos entre las hojas, los pétalos y los frutos de nuestro paraíso. Quiero llevarte debajo del manzano, quiero ser tu venus sumisa, quiero regalarte la mejor de mis caricias, esa que ambos siempre deseamos, esa caricia que como premio tiene la esencia de tu amor. ¡Siénteme, siénteme con todos tus sentidos! Mírame radiante de lujuria, toca mis cabellos y mi piel, vibra con mis caricias, amor te estoy amando, relájate en este hermoso banco mientras tu Venus de rodillas te venera, soy eternamente tuya, dame todo lo tuyo que es mío, dámelo amor y piérdete en mí, entrégame tu alma. ¡Te quiero mío! Aquí entre las rosas y bajo este cielo parisino. Soy tuya amor, mientras percibo tu esencia en mi boca, alas de mariposa fluyen y me embriagan rendida a tu amor. Soy tu amante y lo soy en cada una de todas las palabras que te dedico, un beso Chagall, ese que puede hacernos volar, ese que gracias al amor permite que los amantes despeguen los pies de la tierra.



Ven amor mío, caminemos abrazados entre las plantas de nuestro jardín, acerquémonos al vigilante caballo y a su orgulloso jinete y junto a ellos, en ese vértice que señala el límite de nuestro universo, apóyame contra las columnas de la baranda, vivamos estos momentos irrepetibles con nuestros cuerpos abrazados. Permíteme que mi cara mire la luna, mientras tu cuerpo de hombre marca su presencia en el mío, apriétame mi cielo, y vuelve a besarme, con un beso azul, un beso monocromo, un beso que nos funda y nos transforme en cielo, en ese trozo de firmamento donde la luna ilumina nuestros cuerpos. Mi vida, he volado en lo más hondo y en lo más alto, tan alto que casi he tenido una pérdida de consciencia, “la petite mort”, la llaman los franceses, pero muy grande ha sido que matándome me ha hecho renacer todavía más mujer.
© Lluís Busom i Femenia




viernes, 29 de enero de 2016

ADIÓS, SMOT | Adiós Josefina





Miércoles, 2 Diciembre 2015
Empieza a hacer frío, Smot, las hojas de los árboles se han puesto la bufanda de colores, aquella que tanto valorábamos de tonos amarillos. Goethe dejó escrito, respecto a las personas que ven en los árboles el sentido trascendente de la vida que, en cada hoja del ginkgo biloba se puede escribir un poema de amor, sus hojas, dos mitades fundidas en una sola, son la esencia del amor. El ginkgo biloba, el árbol milenario, es el árbol de la esperanza de los japoneses. Dicen que el ginkgo biloba extrañan a las personas que les han demostrado su afecto, de aquellas personas que los aman, que se encariñan con quién tuvo el gesto de adoptarlos. Tengo en mis manos el certificado de nuestro Ginkgo biloba, es un breve escrito de hace tres años que nos otorgó la adopción. Puedo asegurarte que el árbol que amamos, ahora luce espléndido con sus hojas de infinitos amarillos.

Durante el breve paseo por el parque y ayudado por la brisa me hizo saber que te extraña. Me senté en ese banco solitario que está a su lado; estuve hablando con él, no te extrañes Smot pero me pareció escuchar sus palabras vacilantes y entrecortadas; el movimiento de sus hojas y el persistente viento sibilante me hicieron entender que no te encuentras bien, estás débil y frágil, pero confía en mí todo pasará Smot, tienes que recuperarte, tienes que fortalecerte, es cuestión de un tiempo corto para que podamos estar juntos.

Miércoles, 9 Diciembre 2015
Estoy muy preocupado Josefina, no he tenido noticias tuyas, sólo dos pequeñas señales para que notara tu presencia. Es un sentimiento ambivalente y contradictorio. Me ha llenado de alegría saber de ti, pero mi intranquilidad aumenta. Yo que no soy creyente hubiera querido preguntarle por ti a Dios, pero no sé sí quisiera escuchar su respuesta. Tengo miedo a su respuesta! Pero en mi rezo profano y ambiguo, le pido una cosa sobre todas las demás, le pido que te cuide, que no te suelte la mano. Que no apague la luz de la estrella secreta que mirábamos a veces, también la luna nos pertenecía. Eran esas lunas de plenilunio que en distintos husos horarios era nuestro punto de encuentro. 

Aquí estoy, Josefina! No te dejaré sola! Sí ya sé que ahora nada es lo mismo, comparado con tiempos de íntimo desespero, de dicha infinita, ahora lo que importa sólo eres tú.  Quiero que sepas que, pase lo que pase, andarás siempre en los caminos de mis pensamientos, mi mano está sujetando la tuya. Y aunque la vida nos cambie, aunque el destino arme su voluntad de forma amarga, todas las noches te hablaré para que te duermas con mi voz... quiero oírte respirar, notar tu aliento en la lejanía, oler tu perfume, necesito saber que tu respiración es constante y que tus ojos brillan como siempre!

Miércoles, 16 Diciembre 2015
Tristemente en ese día de diciembre, a las 9:15 horas, el frío y la noche llegó de improviso, al Ginkgo biloba se despobló de sus hojas, la tierra las hizo suyas cubriéndose del frío. Su tronco y sus ramas quedaron con el alma desnuda. Mis lágrimas anunciaron el adiós definitivo. 

El cielo bajó a la tierra y la noche envolvió tu alma. Desde tu ausencia, Josefina, todo es ruina; hasta los dioses han desaparecido de nuestra intimidad; Deus Mars y Deus Iuppiter nunca más nos regalaran vida, se fueron contigo y, en ese mismo instante, se hizo presente el poema compartido que, en nuestra madurez entendimos perfectamente, el poema de Salvatore Quasimodo: “Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra traspasado por un rayo de sol: y de pronto anochece. 

© Lluís Busom i Femenia



Miraré al cielo para verte entre las nubes
y esparciré al viento un puñado de recuerdos felices. 
Escucharé en silencio, tu silencio omnipresente
y me recostaré con la cara pegada en mi almohada,
oliendo tu piel arada con la pasión de amante
para percibir —todavía— tu esencia vital junto a mí
y tu inmortal espíritu de vida eterna.
LBF

martes, 22 de diciembre de 2015

NADIE ENCUENTRA LO QUE NO ESTÁ BUSCANDO



NADIE ENCUENTRA LO QUE NO ESTÁ BUSCANDO
—Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos—
Julio Cortázar

Nadie encuentra lo que no está buscando. Aunque nos parezca que el azar, la fortuna o la Divina Providencia son los que han determinado para que encontremos a la persona que tanto hemos deseado y, la encontramos, posiblemente creamos que ha sido la casualidad. ¡No es verdad! No es verdad que las cosas aparecen de pronto. Nada aparece porque sí, cuando sorpresivamente paseamos por el parque y para la lluvia, vemos entre muchas una hermosísima hoja depositada en el suelo y, tu mano la recoge; después te preguntarás: ¿Habiendo tantas hojas que alfombra el suelo, por qué elegí esa y la convertí en única. Seguramente unas horas antes no estaba en tierra, pero hacía mucho tiempo que estaba allí, estaba un poco más arriba, agazapada, cobijada en su árbol, en el Ginkgo biloba, seguro que ella prefirió soltarse e ir al suelo para que tú la encontraras... es el destino. ¿O es el destino el cuál nosotros mismos condicionamos?. ¡Seguramente sí!

Cuando un hombre encuentra a una mujer, cuando una mujer encuentra a un hombre... es que los dos estaban buscándose. Por falta de compañía. Por insatisfacciones. Por carencias. Por necesidades que sólo las entendemos cuando nos damos cuenta de haber encontrado lo que buscábamos. O, simplemente, por ganas de revivir la vida, o de iniciar una aventura, respirando un nuevo aire a pulmón abierto y, hacerlo, como si fuera una ventana en que al abrirla vislumbráramos una nueva senda, un camino que tanto habíamos soñado andar por él. O, fue porque sí. ¿Por qué tenemos demostrarlo todo? Decididamente, no!

Cuando un hombre encuentra a una mujer, cuando una mujer encuentra a un hombre... siempre hay uno de los dos que transforma la primera palabra en puente. Hay canciones que hablan de eso! Por muy acompañados que estemos, en las decisiones importantes, estamos solos. Y esa primera palabra abre un torrente de palabras, palabras tan deseadas que al recibirlas —por ser tan deseadas— se convierten en caricias. Nadie encuentra lo que no está buscando. ¿Por qué crees que vos y yo nos encontramos? ¿Desde dónde venías acercándote? ¿Desde cuándo yo esperaba que llegaras? ¿Por qué yo? ¿Por qué vos? ¿Por qué nosotros?


¿Por qué crees que no te desviaste, con otro rumbo. ¿Por qué no fuiste en el blog de otro? ¿Por qué viniste al mío y escribiste unas palabras sencillas de corrección a un nombre equivocado que había escrito?. ¿El azar? ¡Estoy convencido que no! Ese comentario fue, es y seguirá siendo el puente más grande y consistente que hay en el mundo; un puente construido con palabras, con el respeto y el afecto de unas primeras palabras escritas a un desconocido. Sólo intuiste que por las historias que escribía, era un hombre que, escribiendo traslucía afecto, en mis sueños escritos, amaba. Oh maravillosa coincidencia, mundos que de pronto se acercaban con el calor y la necesidad del afecto.

Desde la lejanía más absoluta, desde la Patagonia chilena en un viaje que realizabas recibí tu mensaje, no hubieron océanos, ni montañas, ni lejanías que nos separaran. Ni tu continuo viajar por el desierto patagónico, lo impidieron. Posiblemente te esperaba, no sabía quién eras pero sabía que me buscabas. ¡Necesidad obliga! Siempre me cautivó el otro lado del océano, siempre admiré la maravilla de sus lagos, siempre soñé en la brisa suave de sus playas, de las olas que batían tu piel, en el sol que bañaba tu cuerpo y que daba a tu tez el color del infinito deseo...

¿Te detuviste tú, o fui yo quién lo hizo? No lo sé, pero por qué pensaste que uno de los dos se detuvo. ¡Nos detuvimos los dos! Nos detuvimos para que pudiéramos alcanzarnos y extender las dos ramas de nuestros brazos para fundirnos en el abrazo total, por qué ocurrió así y no de otra manera... ¿Por qué? Porque los dos estábamos buscándonos. Desde ese instante un hilo invisible nos unió, un hilo que nadie puede cortar, un hilo indestructible que ninguno de los dos pudo ya soltar. Finalmente, unos números, un código abrió nuestro etéreo Paraíso, en él, nuestras palabras adquirieron la dimensión esperada, los sentimientos se entremezclaron como un torrente, las risas y los lloros se complementaron, la dicha inundó nuestros espíritus. Nos hizo volar en lo más hondo, en lo más alto, nos arrancó gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque fueron de jubiloso dolor siempre, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer —aunque sea en el Paraíso— es una alegría que duele. La petite mort le llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza. Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos hace nacer.
© Lluís Busom i Femenia




viernes, 18 de diciembre de 2015

ODA AL GINKGO BILOBA | A los amantes Goethe & Marianne

Este escrito, esta Oda al Ginkgo biloba y a los amantes Goethe & Marianne, fue una idea compartida con la amiga Josefina Basualdo que quisimos dedicar al poeta, botánico y filósofo Johann Wolfgang von Goethe y a su amante Marianne von Willemer centrándonos en el espíritu de su bello poema Ginkgo biloba, escrito en 1815.

Ahora, también, me sirve como homenaje póstumo a ella, a mi amiga Josefina Basualdo, a su espíritu innovador, buscadora incansable de la belleza en todas las cosas de la vida, a veces incluso, encontrando la armonía y la perfección en las cosas más insignificantes, como fue esa hoja del árbol ginkgo biloba que ella amaba. Descansa en paz amiga Josefina. Un beso.


Oda al Ginkgo biloba | A los amantes Goethe y Marianne
Hace unos 280 millones de años, antes del periodo Triásico aparecieron los árboles Ginkgoaceae que alcanzaron su apogeo en el período Jurásico. Una familia de árboles extinguida con un único representante sobreviviente en la actualidad, el género Ginkgo con la especie Ginkgo biloba. Árbol dioico, el cual tiene sólo flores unisexuales; existiendo árbol femenino y masculino.

Millones de años después, ahora, podemos disfrutar de la frondosidad de nuestro árbol, el Ginkgo biloba que, al igual que el árbol plantado en el jardín botánico de Leiden, nuestro Ginkgo se trata de un árbol varón con un injerto de Ginkgo hembra y, al caminar, lo hacemos en un corto paseo matinal por el parque; paseo que se engalana con un perfume penetrante, fragancia a tierra mojada que tras la lluvia estival todo luce más fresco, más nítido, más brillante, como lucen las hojas verdes de nuestro árbol, ese árbol es el rey del lugar, el Ginkgo biloba.

Nos agrada sentarnos en el banco bajo su incipiente sombra mañanera que, majestuosamente nos ofrece serenidad, frescura y protección. Banco acogedor que a similitud del “Diván de Oriente y de Occidente” —poema escrito por Goethe— ocurre, al igual que en su poema, en esta Oda al Ginkgo biloba hay pedazos escritos por una mujer que, en principio, no se dieron a la luz. Es un tiempo de descanso que nos invita a reflexionar acerca de la preciosa vida de este singular árbol símbolo de la esperanza y de lo imposible.

Sus hojas son una unidad, divididas en dos, son el uno y el doble, son como alas de pájaro, alas de mariposa, manos entrelazadas de enamorados y conforman la perfecta simetría, asociándose, por tanto, a una relación de igual a igual. El poema de Goethe, al igual que nuestras palabras, simbolizan la unidad en la dualidad, el Este y el Oeste. Que, como dos amantes, se combinan, se entrelazan y conviven y, sin embargo, cada uno conserva su identidad. Y aquí radica la esencia de su profundo significado: Árbol milenario tan antiguo como el mismo amor. Cobijo de amantes: —Goethe y Marianne—, dueño de pasiones secretas, de los más opuestos rincones del mundo. Árbol sobreviviente a la masacre de Hiroshima, árbol que renace en dos mundos como el Ave Fénix.
© Lluís Busom i Femenia

Manuscrito original del poema “Ginkgo biloba”.
Publicado en la obra de Goethe 'West-östlichen Divan'





miércoles, 14 de octubre de 2015

LLUÍS COMPANYS | La huida a Francia


Cuando en el día de hoy, 15 de octubre del 2015, se cumple el 75 aniversario de la muerte —del asesinato por el gobierno franquista— del President de la Generalitat de Catalunya, Lluís Companys i Jover, es oportuno comentar algo —que es poco conocido— y que, posiblemente fue la principal causa por la que la policía española, ayudado por la Gestapo y, en una persecución implacable consiguiera después de infructuosas búsquedas, capturar al President de la Generalitat.

Las órdenes de su detención partieron del Ministro de la Gobernación del General Franco, Ramón Serrano Suñer, cuñado de Franco pidiendo a las fuerzas de ocupación nazi en Francia, la entrega de refugiados españoles que habían ejercido cargos democráticos en la República española. Todo ocurrió en la Francia ocupada militarmente por las tropas nazis después de la invasión ordenada por Hitler.

Me refiero exclusivamente a la odisea que tuvo que vivir el President Companys en su huida a Francia. Tras la ocupación de Cataluña por las tropas franquistas, el 5 de febrero de 1939 el President de la Generalitat, Lluís Companys i Jover se exilió primero a Perpiñán (Francia), trasladándose después a París para trabajar en la representación en el exilio de la Generalitat (Consell Nacional de Catalunya) acompañado de su esposa Carme Ballester y de su hijo —de su primer matrimonio—, Lluís Companys i Micó (Lluïset) (1911-1956) el cual, padecía una grave enfermedad mental. En 1933 cuando su hijo tenía 22 años y aún se encontraba estudiando sufrió un brote de hebefrenia catotónica, un tipo grave de esquizofrenia que empeoraba progresivamente. Fue sin duda en estos momentos aciagos de la huida, el que su hijo era una carga difícil con la que moverse en un país extranjero, pero que su padre asumía con todo el cariño con el que siempre le protegió; ese hijo discapacitado —Lluïset— fue siempre una fuerte preocupación para el padre.

A la entrada de las tropas nazis en Francia junio 1940 y, después de varios días de bombardeo de los nazis sobre París, la ambulancia que transportaba al hijo de Lluís Companys, —el Lluïset— fue inutilizada por completo y el hijo de Companys, como todos los demás acompañantes, huyeron despavoridos. El hijo de Companys, un hombre/niño de 29 años que no se valía por sí mismo, huyó atemorizado por la carretera en dirección sur, —sin la ayuda de nadie— andando completamente perdido en un país extranjero y solo. Nunca el padre encontró a su hijo, la búsqueda fue constante e infructuosa.

Fue por la pérdida de su hijo que Lluís Companys permaneció en Francia sabiendo el riesgo que corría —sabiendo que la Gestapo y la policía franquista— le buscaban para capturarlo. El intento de recuperar a su hijo fue, con toda probabilidad, el que no salvara su vida, ya que nunca quiso abandonar Francia sin su hijo. Por aquel entonces estaban  escondidos en una casa de dos plantas, de estilo bretón, en La Baule-les-Pins, un pueblecito de pescadores, hoy en día forma un sólo ayuntamiento La Baule-Escoublanc. Una población bañada por el Atlántico muy cerca de Saint-Nazaire.

El comisario de policía español, Urraca Pastor encargado por el gobierno franquista de la captura del President Companys había estado merodeando por La Baule-les-Pins muy poco antes de que la Gestapo detuviera al President Companys. Urraca Pastor y su equipo policial habían seguido todos sus pasos: primeramente estuvieron en su domicilio en Neuilly, en el Boulevard de la Seine, núm. 1. Después en las oficinas del Gobierno de la Generalitat, en la calle De la Pépinière, núm 21. También en la imprenta Solsona, donde se editaba “La Revista de Catalunya” en la calle Halle, también en la Fundación Ramon Llull. Más tarde el comisario Urraca Pastor y sus inspectores de policía juntamente con la Gestapo, registraron también otros domicilios del President, en Saint-Germain-en-Lave, en la calle Decamps, núm 45. Pero no lo encontraron en ninguno de esos domicilios, interrogaron a todo el vecindario para saber el paradero de Companys; nunca fue denunciado por ninguno de sus vecinos o por la gente que estuvo a su alrededor que compartía el secreto. Por tanto, Companys fue denunciado a la Gestapo, con toda seguridad por alguien que estaba fuera de París...

El día 12 de agosto de 1940, el matrimonio Companys, Lluís y Carme se dedicaron a quemar documentos, todos los documentos. Es conveniente recordar que todo eso ocurría en la Francia medio ocupada (la mitad noroeste)  por las fuerzas de Hitler, en la que por una razón u otra, la Gestapo podía presentarse en el domicilio de cualquiera violentándolo. La Gestapo no pudo encontrar ni un sólo documento en su casa, tampoco el día 13 de agosto, día de su detención, ni en los otros domicilios que registraron. Una vez detenido lo llevaron al Palacio Montagout, cuartel general de la Gestapo (“Hauptguartier”) en La-Baule-les-Pins, hoy “Villa Carolina”, fue en el jardín de Villa Carolina donde Companys y Carmen Ballester, su esposa, sin tener noticias de Lluïset, se vieron por última vez.

Companys fue extraditado el día 29 de agosto, la entrega del detenido se efectuó en la frontera de Irún. Como había sido juzgado en rebeldía en aplicación retroactiva de la Ley de Responsabilidades Políticas por un tribunal especial de Barcelona, sólo tuvo que ser juzgado y sentenciado en una jornada en consejo de guerra por un tribunal militar. El 15 de octubre de 1940 el President de la Generalitat de Catalunya, Lluís Companys i Jover, condenado en juicio sumarísimo por un tribunal militar del gobierno franquista, fue fusilado en Montjuïc. Su cuerpo sin vida encima de la tierra, constituye para Cataluña un símbolo de injusticia.
© Lluís Busom i Femenia

Texto sentencia condenatoria