martes, 25 de enero de 2011

| DIÁLOGOS CON EL PSIQUIATRA | El gato escondido que llevo dentro |





—¿Explíqueme el por qué ha venido a mi consulta?

—Hace tiempo que me planteo acudir a un profesional de la psiquiatría para saber algo más de mí.

—¿Algo más de usted, pero hay algo que le preocupa, algo que le angustie?

—Pues no, no exactamente, me interesa saber el porqué de mis ensoñaciones.

—Correcto, dejaré que usted me explique lo que quiera así yo le iré conociendo y veré en que puedo ayudarlo.

—Lo que me pasa es que me gusta escribir doctor y todo empezó cuando me inscribí en el Facebook y tuve la posibilidad de explicar cosas que me fascinan y desde no hace mucho, también en Twitter y en Google+, pero es en Google+ donde he encontrado un mundo fantástico, un mundo súper interesante y atractivo.

—Curioso e interesante, novedoso para mí... pero siga usted.

—Pues, me gusta escribir historias y cuando las construyo me voy sumergiendo en ellas de tal forma que llego a creerme que soy el protagonista.

—Esto no es ningún problema, una de las facetas de los novelistas es hacerlo en primera persona, esto es completamente normal.

—De acuerdo pero yo he construido una historia de un gato y creo que soy un gato.., sabiendo que no soy un gato. Me entiende usted?

—No, pero explíqueme la historia, mientras yo tomo nota, intentaré entenderlo.

Pues, me encantan los gatos! Sé que para los gatos, y poniéndome en la piel de ellos, la vida en proximidad con los humanos representa una adaptación social que se ha ido desarrollando a lo largo de milenios formando una simbiosis perfecta, en la que tanto el humano como el gato sacan provecho de la vida en común. Desde un punto de vista etológico o de su comportamiento, se ha sugerido que quién tiene la autoridad sobre él, —me refiero el amo humano—, sustituye la madre del gato y que los gatos domésticos adultos viven en un tipo de niñez prolongada, una forma de adolescencia comportamental. Y este talante infantil y un poco alocado del gato me fascina.

—¿Quiere decir que no está entrando —en su historia— en consideraciones que corresponden más a un psiquiatra que a usted?

—Doctor, sé que no hay psiquiatras de gatos, lo entiende, ¿verdad? En todo caso tendría que ser psiquiatra de aquellas personas que se creen que son gatos y éste es mi caso.

—Sí, es verdad, ya me había enredado, siga por favor, explíqueme hasta el final su historia.

Como iba diciendo: Me gusta ser tan amigo de los gatos que, acercándome tanto cómo me sea posible, llegar a confundirme y parecerme a ellos. Ponerme en su piel haciendo, —en un acto de profunda introspección— llegar a conseguir como afirma la doctrina hinduista, el 'advaita', de Adi Shankara, la unión de dos almas, consiguiendo la unidad total entre dos seres... Todo es cuestión de proponérselo, quiero ser un gato sin serlo y me preparo para vivir esta experiencia fascinante. En mi viaje a esta nueva vida no dejo nada al azar, me encanta ser gato, pero quiero elegir la imagen de un gato preciso, me gustan los gatos de piel bruna, casi anaranjada, de pelo corto y de mirada profunda, que sea juguetón y, a la vez, como corresponde a mi ideal de gato, un pendón de tomo y lomo.

—Interesante, pero... ¿cómo soluciona ponerse en la piel del gato? Perdóneme, siga...

Ser capaz de interiorizarme dentro de él y sentirme más gato que el de verdad. En silencio apropiarme de su piel y delicadamente desabotonarla, cómo si fuera un pijama nocturno e introducirme dentro de la piel del gato y adueñarme de su cuerpo. Colocar las manos en sus patas delanteras y los pies en las posteriores. Acomodarme sigilosamente dentro de él hasta conseguir que mis ojos vean su mundo a través de los de él. Notar como mis orejas, saben perfectamente el camino para colocarse y, una a una, se vayan introduciéndose en las de él.., percibir los primeros sonidos mientras oriento los pabellones auriculares.
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—¿Pero explíqueme qué ve cuando se pone dentro del cuerpo del gato?

Bien, es una impresión extraña, todo es negro, no veo casi nada, hasta que mis ojos miran a través de los del gato es algo fantástico, extraordinario, es como si de pronto lo viese todo con una claridad jamás vista, una nitidez del detalle casi abrumador y con una profundidad de campo jamás contemplada... y escuchar ya a través de sus orejas...




¡Qué diferencia, qué perfección auditiva!, es un órgano espectacular, me encanta poder orientar las orejas y transmitir la infinidad de matices de los sonidos al cerebro. Tengo que reconocer que la parte más difícil de encajar fue la cola, al final tuve que recurrir a un relleno postizo que diera la apariencia de una cola tiesa pero mórbida. Respirar y husmear de través de su nariz y empezar a detectar mis primeras sensaciones a través de sus bigotes. Lamerme para saber a que sabe mi nueva piel, limpiar mis patitas para que la gente de casa vean que mi conducta es la normal de un gato... ¡Qué no es un gato!
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—¡Ostras!, ¡eso de la cola no lo había pensado! Lo siento, no me haga caso, continúe…
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Dar mis primeros pasos, gatear por las paredes y en dos saltos subir por la cañería del agua hasta alcanzar el tejado y desde allí contemplar la inmensidad de la luna, señora de la noche y del alba. Y ser durante la noche más gato que nunca, sobre todo ante la presumida gata de rayas grises... Sentir la emoción de su mirada atrevida y al mismo tiempo vergonzosa, de ojos de mirada limpia y de incontenible deseo. Me encanta ser un gato atrevido, juguetón y descarado, ser ese gaturro que juega eternamente con la gatita atractiva y coqueta que sabe lo que quiere y, desde que el mundo es mundo, todos los juegos de los gatos, son para hacer el amor. Ya se sabe que los gatos somos muy enamoradizos. Observar los movimientos de su cola, ver como la mueve, de izquierda a derecha, elevándola haciendo oscilaciones totalmente intencionadas con movimientos conscientemente escogidos y dirigidos, un lenguaje con más corazón y coquetería que muchas de las palabras de los humanos. Ir al rincón escogido de la buhardilla de casa y mostrarle a mi gata con la mayor sutileza mi estimación...




.Pasearme por todos los rincones de la casa y convertirme en el señor de sus aposentos, cotillear en silencio todos los secretos que hay en sus habitaciones, sigilosamente deslizarme por la alfombra junto a la cama dilatando las pupilas para ver en la oscuridad más absoluta la intimidad de un mundo mucho más complejo que el de los gatos. Orientar mis orejas y dirigir mis oídos hacia la percepción de los maullidos tan particulares de las personas, percibir su olor mientras se acarician en una danza frenética e incomprensible, sus danzas de amor son muy diferentes a los de un gato, son apasionantes contemplar su entrega, la profundidad de sus caricias, la intensidad de sus gemidos me doy cuenta que están en un universo superior; reconforta estar presente sin que ellos reparen en un gato, todo un universo nuevo que no sacia la curiosidad de un gato. Notar como la música que acompañaba su danza se desvanece y, poco a poco, el silencio penetrante se adueña de la habitación...


Ser el gato comprensivo o celoso, con el AMA según sea aquello que mis ojos puedan llegar a ver. Ronronear amorosamente al ser humano que me trata con afecto, notar en mi piel la mano amable y generosa que se pasea por mi lomo. Ser acariciado en la falda del AMA, notar el intenso calor de sus piernas que son un bálsamo para mi piel, confortablemente asentado en ellas y cuando se cansa de mí poder restregarme entre sus piernas para que se dé cuenta de que mi amor es recíproco y que me encuentro muy cerca de ella porque lo deseo, porque quiero... jugar como un gato sabiendo que no soy un gato.
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—¿Cree doctor qué estos viajes introspectivos pueden causarme algún problema de doble personalidad?
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—No lo creo, el que usted tiene es la necesidad de explicar historias y esto sólo tiene un peligro, el que no sepa distanciar la realidad de la ficción, porque entre las dos hay solamente una línea muy delgada. Pero el verdadero peligro no es para el lector, como es evidente, el peligro es para la persona que las escribe y, que sea él quién se crea sus historias. Si así fuera, nos encontraríamos dentro de una patología frecuente.
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—¿No sé, doctor, sí por sus palabras tendré que empezar a preocuparme?
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—No, no tiene por qué. Le daré mi diagnóstico acompañado de una recomendación. Yo creo que el qué usted busca es como la historia de Fausto pero a la inversa, así como Fausto está en plena búsqueda de la sabiduría y vende su alma al diablo como una vía para lograr el conocimiento supremo, usted ha idealizado la imagen del GATO en un estado superior de conciencia como un elemento receptor de afecto que necesita y que, de alguna manera, usted intenta parecerse a él porque las personas de su entorno le valoren, le quieran un poco más del que usted cree que las personas de su ámbito cotidiano lo hacen.
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Yo como psiquiatra me interesa mucho su desdoblamiento positivo porque estoy construyendo una tesis en la que sitúo el alma del Gato, como ser superior... un trabajo científico que yo, posiblemente titularé como: En busca del Gat Amagat (Gato Escondido), que todos traemos dentro. ¡Todos queremos ser queridos, todos necesitamos el afecto de los demás!
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Y una puntualización final, no referida al gato, si no a las personas que tenéis el gusano de escribir, son unas palabras de un gran escritor:
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William Faulkner, decía haber descubierto que escribir y comunicarse es algo muy hermoso y aseguraba: "Hace a los hombres caminar sobre las patas traseras y proyectar una sombra enorme, si os fijáis en ella, comprenderéis que os pertenece y además, en el mejor de los casos, es capaz de dar sentido a vuestra vida.
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Yo, interpretando sus palabras, me atrevería a asegurarte que Faulkner quería decir que esa sombra proyectada forma parte de quién escribe y se alarga una enormidad cuantos más lectores tienes que te lean porque, de alguna manera, son los que dan sentido a lo que tu escribes y has sabido transmitir.
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—Con la sutileza con que me lo ha explicado he entendido perfectamente que mi predilección por el GATO, no es más que la búsqueda por acercarme a los demás y obtener su reconocimiento, creo que su explicación es bastante verosímil, ha sido una tarde provechosa, gracias doctor.
© Lluís Busom i Femenia








10 comentarios:

  1. que relato maravilloso! y además sincronizado con mi mundo. Esta mañana desayunaba en mi jardín y una de mis gatas se subió a mis piernas buscando caricias, me conmocionó su entrega y por unos minutos no existió nada mas que ella y yo. Cuando los veo disfrutando de su siesta no puedo evitar desear ser ellos, y vivir de el presente "exclusivamente" como ellos lo hacen. Para los gatos no existe el futuro, no? Gracias Luis, un placer!!

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  2. Dulce ociosidad: Gracias por tu comentario. En cuanto a tu pregunta negativa de que los gatos no tienen futuro.., tendré que ponerme, una vez más, en su piel y siendo optimista como soy, creo que todos tenemos futuro, lo que pasa que los gatos lo viven en presente.. son más listos que los humanos! El domingo día 20 'Día Internacional del Gato' publicaré otro 'cuento' sobre gatos. Un saludo

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  4. Me ha encantado el relato y el diagnostico del psiquiatra, si le dijera yo al psiquiatra que me siento como una vampiresa que no soporto la luz solar, que me diría? saludos lo he disfrutado

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    1. Alejandra,
      Gracias por haberte sentado en el diván del psiquiatra, al tiempo que agradezco tus amables palabras.
      Ya que me preguntas, el psiquiatra te responde: creo que el personaje que estás viviendo, la mujer hacker de ficción que te identificas no quiere salir a la luz, prefiere las tinieblas, posiblemente miedos adquiridos y aceptados, no obstante, sé entrever al igual que el personaje de Stieg Larsson, —Lisbeth Salander—, eres y te sientes muy mujer, posiblemente no tan vampiresa como te gusta alardear. Mi diagnóstico: sigue viviendo la noche hasta que encuentres el día, pero sí no llegas a encontrarlo, no te preocupes demasiado, vivir es lo importante y, hacerlo de forma que satisfaga nuestro íntimo interior, es lo verdaderamente importante.

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  5. Buenos días.

    Nunca he sentido especial atracción por los gatos. Supongo que cada uno elige dónde proyectar la forma que es capaz de aproximarse o ser el conocimiento supremo.

    Yo desvanezco mi imagen y no sé realmente en qué me apoyo para intentar vislumbrar todo eso que relata.
    Ver desde fuera, darse cuenta.
    Yo me transformo en un soplo de aire que cabe por cualquier rendija y resquicio. Que puede subir a lo más alto, bajar a lo más bajo. Que puede entrar y quedarse fuera.
    El otro día, observaba a la orilla del río a un pato. No era totalmente consciente de que lo observaba, yo creía tener la mirada perdida. Hasta que una ondulación del agua que se había formado por el paso de una embarcación, balanceó al animal y sentí ese cosquilleo que produce en el estómago el vaivén del agua. Por un momento fui pato.

    Al leer su texto he sido gato, paciente y psiquiatra. Estaré encantada de viajar de nuevo con usted donde quiera que sea que decida llevarme con sus letras.

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  6. Marta Lancharro Alberti:
    Amiga Marta, tus palabras, el contenido de tus palabras, son las que dan proximidad y estimulan a pergeñar historias. Tus palabras son cariñosas y, por todas ellas, te doy las gracias.
    Ahora un trato de aproximación personal, de tú a tú:
    De Gato a Pato. Yo tampoco he sentido especial atracción por los patos, —salvo ya hace muchos años— por el “El Patito feo” de Hans Christian Andersen, que me llenó de amarguras y alguna lágrima, pero también, de esperanzas. Ahora tú me haces reparar que, en cualquier esquina de nuestra mente hay una historia posible y, a veces, sólo es necesario darle forma para describirla para que finalmente emerja a la luz. Las palabras tienen mucha más fuerza de lo que pensamos; tus palabras —al igual que tú—, me han hecho sentir la ondulación del agua bajo mi barriga balanceándose con el leve cosquilleo en mi estómago. Tener compañer@s de viaje en nuestros escritos es un privilegio, espero sea recíproco pudiendo compartir los tuyos.

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  7. Nada es por casualidad y desde ahí, de tú a tú, de pato a gato...

    Hoy he visto tu respuesta.
    Hoy he escrito dos o más veces la mía.
    Pero se ve que... "no eran la que tiene que ser", no, no es así, no han sido la que será.
    El caso es que no hay manera de responder o yo no la encuentro.

    Lo dejo para otro día, si es que esta respuesta se publica, que será lo más probable.
    Mi contestación se convirtió en una tarea más de mi rutina a modo de obligación. Y no estoy dispuesta a sacrificar mi inventiva e inspiración por la obcecación de un "tener que".

    Lo emplazo a otro momento y confío en que siga queriendo viajar conmigo.

    Marta.

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  8. Muy entretenido. Cuando miro ahora a mi gata me pregunto qué pensará de mí. No creo que tenga ningún interés en meterse en mi piel y vivir la locura de nuestro mundo. Nosotros, encambio, siempre queremos abandonarlo de una forma u otra.
    Un saludo

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    1. Gracias por leerme María del Mar Lana y por expresar tu comentario. Posiblemente tu gata, cuando te mire actuará como una gata inteligente y comedida y, hará ver que es solo una gata, guardándose para sí la locura de nuestro mundo. Creo que debemos aceptar las vivencias de este mundo; el prodigio de la vida merece nuestra plena consideración. Saludos afectuosos.

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