martes, 15 de octubre de 2013

EL ONIRONAUTA / Sueños endógenos


   
EL ONIRONAUTA / Sueños endógenos

Un sueño que sueñas solo, es sólo un sueño.
Un sueño que sueñas con alguien, es una realidad. 
John Lennon

Estábamos acostados desde hacía un buen rato, era una noche especial, estrenaba cama, colchón y sábanas y, ese conjunto imprescindible de descanso, esa pequeñez que conforma la normalidad nocturna, el usar por primera vez algo nuevo y deseado me hacía sentirme bien. Pienso que es el lugar perfecto e idóneo para aquellos que nos gusta soñar y, de entregarnos a los sueños, hacerlo confortablemente. Sin duda soy un caprichoso y exigente, todo lo había escogido concienzudamente para mi pequeño apartamento: la cama, un elegante canapé hidráulico abatible con un fondo para guardar lo esencial de una cama; el colchón —una de mis manías en la exquisitez del confort— no había sido menos cuidadoso al escogerlo. Cuando lo compré me hicieron decantarme por el más caro, el “Luxury dream” el más fantástico de los colchones.

El experto consejo de la atractiva vendedora fue determinante, sus conocimientos sobre el descanso eran extraordinarios. Una experta ejecutiva dominando todos los recursos, la sabiduría y las exigencias que pueda ofrecer una cama; psicóloga experimentada, sabía interpretar perfectamente las necesidades del cliente. Con sus convincentes palabras me hizo ver comparativamente que el máximo confort lo encontraría en un colchón exclusivo. Su aspecto fashion y la técnica de su complicada elaboración, lo convertía en un colchón excepcional. Tanto por la suavidad como por la contundente adaptabilidad del cuerpo, era considerado en ese mundo selectivo del confort como único. Tan caro y equilibrado era el colchón que lo convertía en el exclusivo colchón usado por el Burj Al Arab, de Dubai, único hotel del mundo de 7 estrellas, considerado el hotel más lujoso del mundo. El Burj Al Arab tiene las suites de lujo más caras del mundo donde se acomodan, en sus colchones, las nalgas de los Marajás, Jeques árabes y las de sus elegantes princesas, un verdadero oasis exponente del máximo lujo y confort. Ese colchón era una verdadera maravilla y lo compré!

La suavidad de las últimas capas del colchón daban la sensación imaginada de estar en una verdadera nube de algodón. Tendidos en nuestra recién estrenada cama, nuestras bocas estaban llenas de palabras, nuestros ojos se llenaban de un universo nuevo, de un universo soñado que nos arropaba; nuestra cama se había convertido en un lecho de flores, nuestras manos estaban llenas de caricias y, a veces, sin darnos cuenta los silencios eran omnipresentes y compartidos intensamente, rotos únicamente por el suave rumor de las sábanas inconfundiblemente impregnadas de aroma de mujer; la suavidad de las almohadas de pluma de ánade hicieron de ese momento el más placentero que, poco a poco, se fue adueñado de nuestro tiempo.

Todo se desarrollaba sin pensar, las actitudes y los hechos eran como una cadena lógica de afecto, eslabón a eslabón, todo sucedía como tantas veces hemos deseado que sucedan las cosas en nuestros sueños y de repente, cuando menos dormíamos… retumbaron unos golpes secos debajo de mis nalgas, unos golpes amortiguados pero percibidos sin ninguna duda directamente en mis riñones, eran unos golpes como quien llama desesperadamente a la puerta cuando tiene una emergencia. ¡Me asusté! ¡Vaya si me asusté! Teníamos un intruso debajo de la cama, algo o alguien movía desesperadamente nuestro colchón, sin dar crédito unos bultos aparecían a través de la  sábana bajera sin poder distinguir qué podía ser. Pequeños bultos aparecían por nuestros pies, en medio de los dos cuerpos, al tiempo que un sonido de golpe seco acompañaba a cada protuberancia que aparecía en nuestra sábana.

Lleno de temor me levanté, puse los pies en el suelo, hice un gesto a mi compañera con mi dedo índice junto a mi boca para que se mantuviera en silencio. Con sumo cuidado sujeté las asas y subí con suavidad el canapé para ver sí había alguien en su interior. 

Asombroso! No puedo entender que me está sucediendo, me froto los ojos, quiero asegurarme que no estoy soñando, dentro del espacio del canapé de la cama, ha desaparecido toda la ropa camera que estaba guardada, ni mi nórdica de pluma con funda Calvin Klein, ni mi almohadón grande estaban, no había nada, todo había desaparecido, sólo se apreciaba un inmenso agujero oscuro, mis ojos se fueron adaptando a la oscuridad, hasta que por fin logré ver una pequeñísima luz, la oscuridad es absoluta, es como la boca de un lobo. Poco a poco percibo de qué se trata, es una escalera infinita con una pronunciada pendiente en la que sólo se ve una pequeña luz al final y una sombra que a lo lejos se mueve. No sé qué hacer, no estoy del todo seguro, creo haber oído una voz al fondo de la escalera, no sé, creo que me estoy adentrando en mi propio sueño…

Mientras empiezo a bajar por la escalera me nacen preguntas rápidas como si estuviera en un carrusel. ¿Dónde me llevará esa profunda escalera? Mientras desciendo voy dándome ánimos y respuestas, me digo:

[….]—La escalera es sólo para lo que sirven las escaleras, en este caso para descender, para adentrarte en la verdad de mí mismo. La escalera siempre fue un símbolo onírico, una vía transitable de doble comunicación, también evoca la idea del movimiento, del fluir, del intercambio entre el abajo y el arriba. Por lo general vista como un camino a la sabiduría, la escalera que desciende a la tierra es la del conocimiento esotérico, de lo oculto y de lo inconsciente. Entre tinieblas llego a tocar el suelo, veo una mesa y una tenue luz que me permite adivinar la silueta de alguien, me acerco y sin decirle nada oigo una voz.



—Hola Lluís, siéntate quiero hablarte desde tu mismo sueño, pero quiero que me escuches en silencio. Creo que esta noche te mereces unas palabras que te saquen de alguna duda, al menos que las tomes como el consejo de amigo:

Las personas que como tú cuando sueñan cobran un estado de conciencia similar al de la vigilia y, sí eso ocurre mientras están dentro de su mundo onírico, son considerados “onironautas”, vocablo formado por el prefijo Oniro, procedente del griego Óneiros, ensueño y del latín Nauta, nave, navegador. A este tipo de sueños del onironauta se le conoce como sueño lúcido, esa facultad te permite reconocer el estado de sueño como tal, experimentando un grado de control que sobresale a lo que podemos considerar normal y, lo que es fundamental, como a ti te sucede, recuerdas los sueños con toda claridad al despertar. Por lo general el onironauta tiene como objetivo el control del sueño con propósitos lúdicos pero, más de una vez, también para deshacerse de sus pesadillas, en definitiva, en tu navegación onírica ejerces el autoconocimiento concerniente a la percepción de tu persona.


La escalera que acabas de bajar es el camino elegido, el que tú has decidido, estás haciendo un pequeño viaje hacia la introspección de tu sueño, para que quede claro estás accediendo por tu propia voluntad a la observación interna e íntima de tus pensamientos, de todos tus actos, incluidos tus sentimientos. Te pasas la vida soñando y esa peculiar forma de dormir y soñar es una cualidad de tu persona, ello obedece a varias causas, unas son innatas, por naturaleza empírica tienes la facilidad de soñar, unas son fisiológicas propiciadas como consecuencia de tener interrupciones del sueño y, otras, las que por tu personalidad te inquietan y, sobretodo una cualidad tuya, la facilidad que tienes para recordar tus sueños.


Has descendido al tan deseado mundo tuyo, el de los sueños, el de la imaginación sin límites, sueños en que confundes realidad y deseo sobreponiéndolos unos con otros. Te encuentras en tu propio generador de sueños, —la introspección soñadora— estás en el centro onírico de tus palabras. Piensa que tus palabras, cuando emergen a la superficie en tus escritos del blog, necesitan de señuelos para poder atrapar a aquellos que te puedan ver, al menos sean apresados por una de tus palabras o alguna frase que capten su atención. De conseguir ese pequeño gran triunfo tienes muchas posibilidades de que una de tus palabras le lleve a la otra. Los escritos son como pequeños bosques formados por oraciones que, como las flores debieran vestirse atractivamente para ser captadas por el lector potencial. Las flores lo hacen, ellas se visten con sus mejores galas y atractivos para ser admiradas por sus insectos reproductores.

A los que os gusta escribir, los que tenéis necesidad de mostrar vuestras palabras, deberíais aprender de la naturaleza, usar los recursos de reclamo de nuestro hábitat, una buena información promocional nos la ofrecen las flores. Sin duda, las flores están en ventaja con respecto a tus palabras, ellas usan sus múltiples atractivos para excitar a casi todos los sentidos: la vista, el olfato, el gusto y el tacto, forman el abanico de posibilidades para atraer, por tanto, las flores utilizan todas sus armas de las que disponen y lo hacen usando todos sus atractivos a la vez, usan sus llamativos colores como si fueran luces de neón y, utilizan la más pequeña brizna de aire, para que sus llamativos colores sean señales intermitentes, parpadeantes; utilizan los olores más atrayentes como si fueran el perfumista más avezado y creativo para reclamar a distancia su presencia; el sabor para recompensar a los insectos benefactores por su laboriosa generosidad y, lo hacen con todo el mimo y amor para atraer, extasiar y hasta conquistar a su fecundador, porque de estos reclamos depende su subsistencia como especie.



Aprende de la naturaleza Lluís! Te voy a dar un consejo más, pero éste en forma divertida: Hay un género de moscas, la 'Drosophila' [1] para nosotros definámosla con palabras más sencillas y más a nuestro alcance, me refiero a la 'mosca del vinagre' éstas se ven atrapadas por el olor de una planta 'lista como el hambre', le llaman la planta mentirosa, es la 'Aurum palaestinum', también conocida como la 'Cala negra' atrae con su aroma a las 'Drosophilas' para que actúen como polinizadoras, es decir, para que sean fecundadas. La 'Cala negra' fabrica una sustancia que la mosca del vinagre no puede resistirse, imita los olores de la levadura. Es como si se instalara una bodega con un surtido extraordinario de mistelas y vinos olorosos, de este modo la 'Cala negra' con esta creación de moléculas de esta fragancia —la fermentación alcohólica de la fruta— explota el instinto de millones de años que tienen las moscas del vinagre, y lo hace en su propio beneficio para garantizarse la subsistencia de la especie. 

Imita la naturaleza Lluís! Las flores son recíprocas con quienes colaboran en su existencia y lo hacen recompensando a los insectos con la dulzura del néctar... pero ya ves que cuando se trata de los olores... la imaginación al poder!

Expresar de forma vehemente los sueños tiene la facultad de poder atrapar los ojos de ese desconocido lector que tanto persigues. Te he traído aquí porque sé que estás repleto de sueños y aquí es donde se generan tus ideas para que después las puedas escribir, —mi mensaje es que pienses en tus lectores—, que vistas tus palabras para que sean atractivas como lo son para las abejas las flores y que, de alguna manera, armes tus palabras de un contenido ilusionante y, sí puedes, añade alguna enseñanza que sorprenda. Las palabras, los textos que sobrepasan la realidad cotidiana permiten crear la ilusión de una realidad original y por tanto creíble.

Cuando se escribe y no se es escritor, es necesario arrojo, es imprescindible unos gramos de locura y sobretodo desterrar el miedo que produce el papel en blanco.  Pero quién tiene la suerte como tú de soñar a diario, de construir historias y hasta de vivirlas, tienes bastantes bazas en tu favor. En los relatos que son reflejo de sueños y hasta de ensoñaciones tienen que reflejar simplemente al hombre, al hombre con sus problemas existenciales, la incomunicación, la angustia y/o la soledad o, por el contrario, la búsqueda de los paraísos perdidos, tratando de exponer en tus palabras la verdad de tu existencia, de tus anhelos y, por supuesto, la de tus sueños reales. Sueños en que deben de entremezclarse la realidad y la irrealidad, verdad y mentira, posible e imposible. Recuerda a tu admirado Federico Fellini, usa su técnica, embadurna las escenas que describes de colores, de palabras, de visiones oníricas, de voces contrapuestas, de sonidos asincrónicos y, de sentimientos humanos no conformistas, ya que las personas están, también como tú, llenas de sueños...

Ahora, un último consejo, abre el cofre de los sueños a tus lectores y, proporciónales estas sencillas enseñanzas, a ver sí encuentras a alguno de tus lectores que te lo agradezca, sí así lo hicieran, aunque sólo fuera uno de tus lectores, me daría por satisfecho, habríamos establecido una pequeña cadena de palabras que, de alguna manera, seríamos coincidentes y servirían para unirnos. Las palabras amigo Lluís, tú sabes tan bien como yo, que las palabras tienen poder, esperemos de tus lectores que consigamos despertar sus sentidos y, nos lo hagan saber con cualquier señal, de ser así, ambos podemos estar agradecidos.

Con parsimonia y abstraído por las palabras de mi soñadora introspección fui subiendo las escaleras, llegué al suelo de mi habitación, me di la vuelta y presioné el canapé para dejarlo en posición horizontal, mi adorada acompañante dormía completamente arremolinada junto al cabezal, el suave movimiento de cerrar el canapé la despertó, vi como su cuerpo se movía y desperezándose me dijo:

—Cuéntame qué ha sucedido, cuando has levantado toda la cama dejándome es esta posición creí que me querías enseñarme una nueva postura, un nuevo juego sexual... te esperé impaciente pero has tardado tanto que me dormí. ¿Qué hacías debajo de la cama, qué has hecho allí dentro?

—Duerme mi cielo, mañana te contaré...
[....] Pienso que sí le cuento la verdad no me va a creer y, lo que es peor, que piense que estoy en una demencia transitoria, prefiero mañana inventarme otra historia tan disparatada como la de esta noche, pero más creíble y, sí es posible, que me sirva para publicar en mi blog como una historia de más fácil comprensión y con un comportamiento razonablemente congruente.
Lluís Busom i Femenia




Decorados de Spellbound, de Salvador Dalí, film de Alfred Hitchcock
Spellbound (Recuerda) 1945, de Alfred Hitchcock fue conocido como uno de los mejores thrillers psicológicos. Spellbound, protagonizada por Gregory Peck e Ingrid Bergman, es quizás el más significativo de sus films que bordean el análisis freudiano. La famosa secuencia onírica diseñada por Dalí fue trabajada por el pintor y por Hitchcock durante casi un mes. Hitchcock contrató a Salvador Dalí para que realizara los decorados de tono surrealista, quizá recordando el cortometraje surrealista “Un perro andaluz” (1929), guion de Salvador Dalí y Luis Buñuel y dirigido por este último. Es una de las primeras películas que abordan el psicoanálisis. Su origen parece remontarse a una depresión que sufrió el productor O. Selznick tras los rodajes de Lo que el viento se llevó y Rebeca. La secuencia onírica donde aparece un hombre con unas tijeras gigantes cortando un ojo fue un homenaje a Luis Buñuel por parte de Alfred Hitchcock. La película está basada en la novela “The House of Dr. Edwards”, de Francis Beeding (seudónimo de Hilary St. George Saunders).

[1] Drosophila
Estos días en Barcelona se han reunido científicos de todo el mundo en el EDRC 23 RD EUROPEAN DROSOPHILA RESEARCH CONFERENCE (Conferencia Europea Investigación de la Drosophila) sobre la mosca de la fruta o del vinagre. Una especie de Drosophila ha sido usada extensamente en genética y es un organismo modelo en biología del desarrollo. De hecho, los términos mosca de la fruta y Drosophila se usan como sinónimos en la literatura biológica moderna.

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OTROS ESCRITOS

































martes, 17 de septiembre de 2013

ÉDITH PIAF El gorrión de París



ÉDITH PIAF El gorrión de París
No es fácil hablar de Edith Piaf y, no lo es por la vida tan intensa y por los tiempos tan abrumadoramente difíciles que la vida le deparó. En este escrito —en mi pequeño homenaje— en el 50 aniversario de su muerte, quisiera plasmar con mis palabras aquello que gratamente permanece en mi memoria de su persona: el afecto por su fragilidad, su magnetismo, la profundidad en que penetraron en mí muchas de las letras de sus canciones y, en mayor profundidad, su inconfundible voz que fue capaz de llenar mi corazón en distintas épocas de mi vida. Personaje que con su voz me ha acompañado en los momentos de mayor sensibilidad personal en que la atracción y la seducción envolvían mi mente y mi cuerpo. Muchas veces sus canciones me conmovieron y fueron refugio desgarrado de amores tormentosos o el acompañamiento formidable como expresión gozosa que mi estado anímico reclamaba.

Tuve el privilegio, también los años suficientes para haber gozado personalmente de la voz de Edith Piaf, su persona, su presencia, la austeridad con la que vestía sus actuaciones y su inconfundible voz llenaron mi corazón y, su espíritu permanece en mi memoria para siempre. Eran tiempos en que por mi edad y, por la proximidad que siempre hemos tenido los barceloneses con París, la canción francesa y sus “chansonniers” era nuestra música preferida. Léo Ferré, Jacques Brel y Georges Brassens fueron cantautores, poetas de la posguerra que con sus canciones llenaron de música francesa mi vida.


Por aquel tiempo estaba en pleno auge la canción ‘Hymne à l'amour’, una canción escrita por Edith Piaf con música de Marguerite Monnot en 1950. Piaf escribió esta canción en memoria del gran amor de su vida, el púgil francés Marcel Cerdan, muerto en 1949 en un accidente aéreo. Hymne à l’amour de tono triste y profundo constituyó uno de los mayores éxitos de Edith Piaf y, tal vez hoy, evocados por algunos, los recuerdos del París existencialista de la post guerra y símbolo de una particular manera de afrontar la vida. Son recuerdos que me retrotraen al popular y mítico ‘Café de Flore’, café con más de un siglo de historia —al que posiblemente me referiré en otro escrito— del París intelectual y revolucionario, en Saint-Germain-des-Prés, cuna del existencialismo y de otros locales con alma revolucionaria en que su color rojo carmesí les distinguía, rojo pasión, rojo revolucionario, color que fue columna vertebral de esos locales de esa época y lugar de encuentro de los artistas y de la intelectualidad francesa, lugar emblemático frecuentado en esa época por pintores como Picasso o Modigliani, o a escritores como Hemingway y, la pareja, ambos escritores y filósofos Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir que lo convirtieron en su oficina para escribir confortablemente durante la ocupación nazi. También en otro relato compartido con Eva, hablamos de un encuentro y cena en el mítico restaurante "La Coupole" de Montparnasse.



La atracción por esa delicada mujer fue total cuando pude apreciar en persona su espectáculo, su lenguaje corporal y su extraordinaria voz en una sala de fiestas de Barcelona. Piaf vino a mi ciudad precedida de un éxito arrollador y universal; su vida, sus canciones, sus amores envolvían a la cantante de forma que la trayectoria de su vida la había convertido en el altavoz promocional de todos los actos, en definitiva, convertida en un personaje singular. Latía en Edith Piaf un ardoroso deseo de vivir, pero no a la manera mezquina de aquellos a quienes la muerte aterroriza, sino con el estímulo —casi trágico— de luchar siempre contra corriente pero con el apasionamiento total por la vida. Edith Piaf fue en un principio de su carrera la voz de los humildes, de los excluidos, de los abandonados, sus canciones reflejan un mundo lleno de poesía en el que nos cuenta sus esperanzas o sus desventuras. Son muchos los personajes tras de los cuales solía disfrazarse, o por el contrario, mostrándose al desnudo rodeada de una vida difícil e ingrata.

En Barcelona, en la céntrica plaza de Cataluña, donde se encuentra hoy en día los almacenes El Corte Inglés, existía un magnífico local, la sala de fiestas Rigat, con toda probabilidad el baile más céntrico y elegante de Barcelona. Rigat disponía de una amplia terraza situada en la acera de la plaza, donde era habitual la celebración de tertulias en la que era frecuente encontrar a personajes relevantes de la literatura y de las artes de Barcelona. Personalmente tenía predilección por los café concierto que se celebraban todos los sábados por la tarde, conciertos de jazz con orquestas que interpretaron casi todos los estilos: “New Orleans”, “Dixieland”, “Cool Jazz”, Blues, etc. y, por la noche, Rigat era la mejor sala de baile y de atracciones de Barcelona. Una noche, en esta misma sala, pude ver y admirar a Edith Piaf, la celebérrima cantante, el ‘Gorrión de París’.


Tengo un gran recuerdo de ese día, era tanto el deseo de oír y ver a Edith Piaf que cuando apareció en la penumbra su pequeña silueta vestida de negro llenó el pequeño escenario logrando que toda la sala contuviera el aliento y, al arrancar las primeras notas de su canción los aplausos de unos pocos contagiaron a todo el público. Aunque en la misma sala pude ver a otros artistas relevantes como Armando Orefiche, Juliette Gréco o Jaqueline François, ningún espectáculo, ningún artista, fue tan penetrante como el disfrutar de la voz de Edith Piaf, fue todo un privilegio que me llenó de entusiasmo y, al día de hoy al recordarla, me vienen a la memoria inmensos y gratos recuerdos de un tiempo gozado y feliz.

Edith Piaf, una pincelada de su vida
Edith Giovanna Gassion —Edith Piaf— nació en París el 19/12/1915 y el 11 octubre de 1963 Edith muere en Plascassier (Francia). Théo Sarapo, su último marido, lleva en secreto su cuerpo al domicilio de la pareja, en el número 67 del Boulevard Lannes, con el gesto afectivo de Théo Sarapo fue como sí volviera a sus orígenes. Su cuerpo descansa en el cementerio del Père-Lachaise, donde hay enterrados una infinidad de celebridades, tales como Balzac, Maria Callas, Chopin, Moliére, Pissarro, Modigliani y tantos otros.


Edith Piaf reconocida como una de las más célebres cantantes francesas del siglo XX. Es posible que los inicios de su vida, las dificultades que tuvo que sobrellevar durante su infancia, condicionaron a lo largo de sus primeros años de vida a templar y a fortalecer un carácter que le acompañó protegiéndola de su natural fragilidad física. Su delgadez y su estatura, 147 cm. nada hacía pensar que bajo su frágil apariencia se escondía un ser con el tesón y la extraordinaria fortaleza que le acompañaría el resto de su vida. Fue una niña abandonada, una alma herida que se construyó a sí misma, ofreciendo su amistad y su amor, —la insaciable sed de amor—, creyendo más que nadie en la poderosa fuerza de su espíritu. Su vida parece sacada de una historia felliniana, las circunstancias en que se le presentó la vida, así me lo parecen.


Hija de un acróbata, Louis Alphonse Gassion, abandonó a su madre en el mismo instante en que iba a dar a luz de la pequeña Edith. Su madre, Annetta Maillard, cantante ambulante vivía en condiciones de pobreza extrema, teniendo que afrontar el parto completamente sola y al salir a la calle para dirigirse a un centro sanitario no consiguió llegar al hospital y Edith nació en plena calle debajo de una farola frente al número 72 de la Rue Belleville en París. La carencia de medios económicos no le permitió criar a su pequeña Edith, teniendo que confiarla a su madre Emma (Aïcha) Saïd Ben Mohammed, de origen marroquí. Su abuela Emma la entregó nuevamente a su padre, pero la pobreza de toda su familia era, al inicio de la Primera Guerra Mundial, aún más lamentable y precaria. Por lo que, nuevamente su padre confía a su hija Edith a su madre, es decir, la abuela paterna dueña de una casa de prostitución en Bernay (Normandía, Francia), donde la pequeña Edith es criada por las prostitutas del burdel donde pasó su infancia. 

A los cuatro años de edad sufre una meningitis que le provoca una ceguera transitoria. Las mujeres del burdel, al ver la situación de su hija adoptiva llevan a Edith al santuario de Santa Teresita del niño Jesús también conocida como Santa Teresita de Lisieux, la curación de esa dolencia momentánea hizo creer a Piaf que algo le debía a la santa.


Al aproximarse el 50 aniversario de la muerte de Edith Piaf está siendo redescubierta por una nueva generación de franceses. No hace mucho se publicaron las memorias de Ginou Richer “Piaf Mon Amie” sobre los turbulentos años que pasó como amiga y compañera del Gorrión de París. (…) su amistad me llevó a compartirlo casi todo, me ocupaba de todo, de sus vestidos, de su maquillaje y de muchas pequeñas cosas que le eran necesarias. “(...) vivíamos juntas como si fuéramos una pareja, Edith siempre hablaba de ‘nuestra’ casa o ‘nuestro’ coche”.

Ginou Richer también ha asesorado en el guion de “La vie en rose”, tiempo dramático de la vida de la gran cantante, recordada en la película en infinidad de sus canciones, emotivas interpretaciones de canciones como: “La vie en rose”, “L’hymne a l’amour”, “Non, je ne regrette rien” interpretadas por Marion Cotillard.

Museo Édith Piaf
Le Musée d'Édith Piaf: es un museo poco conocido de París. Está ubicado en 5, rue du Crespin-du-Gast en el barrio de Ménilmontant, al noreste de París. El museo de Edith Piaf, es una pequeña colección, sin pretensiones de los recuerdos de la vida y obra de la cantante. Verdaderamente es uno de los museos insólitos, lo único que demuestra que estás ante el museo es la alusión a su ubicación desde el exterior es una placa rotulada con "Les Amis de Piaf", una asociación que mantiene este museo, así como la tumba de la cantante en el cementerio de Père Lachaise .

Bernard Marchois, quien se reunió con la cantante cuando era un adolescente se convirtió en un fan incondicional, dedicándole dos habitaciones de su cuarto piso —en el que aún vive— a su memoria. Se recibe a los visitantes de forma gratuita —aunque se aceptan donaciones—, y si el visitante lo pide, Bernard tiene una impresionante riqueza de conocimientos que compartir sobre Edith Piaf.


Sugerencia:
Una historia de amor entre el escritor norteamericano Nelson Algren y la escritora - filósofa Simone de Beauvoir. La última historia de amor vivida en París.

Canciones de una época que me hicieron vivir, sentir, soñar...




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lunes, 17 de junio de 2013

RAYUELA, 50 AÑOS: La bella utopía de las palabras.





RAYUELA, 50 AÑOS: La bella utopía de las palabras.
Este acercamiento a Rayuela —la novela de Julio Cortázar— lo hago con el máximo respeto por todos aquellos lectores que también consideran la obra de este autor como algo que les pertenece. Rayuela ha generado un océano de admiradores, de auténticos fans de sus palabras que se transmiten como pensamientos contundentes y, cada vez más, una gran mayoría de lectores se sienten implicados y consideran a esa extraordinaria novela como suya.

“París es una gran metáfora”
Como dijo Julio Cortazar en Rayuela, a través de su personaje Gregorovius, uno de los miembros del Club de la Serpiente: “París es una gran metáfora”. Para quien lleva Rayuela en su memoria, París es un territorio emocionalmente fantástico, un abanico con infinidad de rincones surrealistas donde los personajes de la obra conviven, acompañados por la música, el amor y las artes un lúdico universo. Cualquier café del barrio latino, en las inmediaciones de La Sorbona, es bueno para acompañar a Oliveira y La Maga. París está omnipresente en gran parte del libro, los puentes, trazado característico de la Ville Lumière: Pont des Arts, Pont au Change, Pont Saint-Michel, Pont Neuf, son mencionados repetidas veces en Rayuela. La novela es puro gozo literario, en el sentido de que su argumento es completamente libre y fragmentado, al igual que los cuadros de una rayuela dibujados con tiza sobre la acera.

La geografía de la ciudad de París está íntimamente asociada a Rayuela y a la vida de Cortázar por esos años que vivió en la ciudad de la luz. París es descrita como un collage de barrios, música, pinturas y de cuántos elementos componen el fantástico mundo parisino del escritor, componentes que no se pueden deslindar de su obra narrativa. En nuestro escrito Eva & Adán describimos el ambiente de Montparnasse en el que frecuentó muy a menudo Julio Cortázar. En París está la esencia de su vida transcrita en sus obras y, también, la ciudad que hoy guarda y honra sus restos en el cementerio de Montparnasse, convertido en lugar de peregrinación. Sin duda algo debe tener Rayuela y el autor que, después de cincuenta años, todavía nos sigue interesando.

Muchos de sus nuevos admiradores han hecho, posiblemente, una aproximación a su obra de forma distinta y, lo han hecho gracias a las redes sociales que han contribuido una enormidad a difundir parte de la obra de Rayuela. También frases, retazos de sus pensamientos, vídeos con la propia voz de Cortázar, así como sus cronopios o cuentos breves que, como la lluvia fina, calan y penetran en la piel de toda persona que anide en su interior el acercamiento a la bella utopía de las palabras. Entre los lectores recién incorporados a los textos de Cortázar, tienen tanto éxito que son, hoy en día, una gigantesca ola de entusiastas y divulgadores de sus palabras. Se han adentrado en el espíritu de Rayuela, un libro que es un juego que contiene varios juegos, un diálogo cómplice que se establece entre el autor y el lector, un espíritu lúdico e irreverente de un escritor singular, que adquiere para los lectores, la misma dimensión de intimidad que para los protagonistas de la novela.


En el mes de junio de este año 2013, se cumplen 50 años de la primera edición de Rayuela. La novela salió de la imprenta de la Editorial Sudamericana, de Buenos Aires, (Argentina), el 28 de junio de 1963. Sin duda la palabra Rayuela nos remite al nombre de su autor, el argentino Julio Cortázar; también es suficiente nombrar a Rayuela para oír y leer las más variopintos juicios, opiniones que van desde la más docta y analítica en las que desmenuzan sintaxis, morfemas o sonoridades como la jitanjáfora (inventado por el escritor mexicano Alfonso Reyes en 1929) en el que Cortázar se inspiró en esta invención para el desarrollo y elaboración de su lenguaje glíglico; otras opiniones son simplemente manifestaciones de afecto —como puede ser la mía— en que valoramos su obra como un gran regalo. Consideraciones para todos los gustos se pueden leer sobre Rayuela, esa obra genial que ha sido traducida a casi todos los idiomas. Su obra no ha estado exenta de críticas que aseguraron ver en Rayuela una obra menor, incluso la contranovela, aunque otros críticos la han considerado la antinovela vanguardista como concepción del vanguardismo en el arte que participa de la esencia de la vida como son el juego y el azar.

El escritor Julio Ortega, coeditor junto a Saúl Yurkievich [1] de la edición crítica de Rayuela (Colección Archivos, 1991) y profesor de varias universidades norteamericanas, entre ellas, The University of Texas at Austin ha hecho una definición de Cortázar en su novela Rayuela que suscribo plenamente:

(...) “Rimbaud quiso cambiar la vida. Marx el mundo. Joyce el texto. Julio Cortázar buscó cambiar el papel del lector. Ese linaje de lo moderno empieza cuando Cervantes quiso cambiar de país: dejar La Mancha y construir la Novela, la comunidad de la ironía. Cortázar imaginó a un lector que ingresaba a la Ciudad de la lectura, cuya gracia irónica es la inteligencia mutua. Dedujo a un lector “macho”, operativo, que leía Rayuela a saltos; y otro “hembra”, que leía de corrido”. 

(...) "Rayuela, en verdad, se debe a su admiración por la subjetividad femenina, más libre y más plena que las virtudes elocuentes de la agonía masculina. La novela nos revela que la mujer es irrepresentable: lo que se diga de ella es siempre poco. La Maga, más que verosímil, es la Musa de la lectura insondable".

Cuando se cumplió su primer cuarto de siglo de su edición, se hizo tópico decir que Rayuela era la novela de aquel momento; pero hoy nos damos cuenta que la clave de Rayuela es que no es de ningún momento; es universal y no tiene tiempo, nunca perdió actualidad y como dice el escritor chileno Luis Harss, Rayuela es una novela "donde el tiempo se despliega como un biombo". El manuscrito de esa joya universal, de Rayuela, se encuentra depositado en la Benson Latin American Collection de la University of Texas, en Austin, [1] como parte de la colección de manuscritos de Julio Cortázar. Se trata de un original previo a Rayuela. Evidentemente dadas las numerosas revisiones, tachaduras y añadidos que presenta, el manuscrito que fue a la imprenta tiene que haber sido una copia ligeramente distinta pasada en limpio del manuscrito original.

Quiero dar en este pequeño escrito, un modesto pero afectuoso homenaje al cincuentenario de su publicación. Este hecho relevante me permite expresar mi sincera admiración por un autor que, cuando apareció su libro movilizó a gran parte de la juventud, proporcionándoles el inmenso placer de su lectura, logrando además, un inesperado revulsivo vital conseguido por sus pensamientos y palabras. Muchos de sus capítulos los considero auténtica poesía, quizá por ser el más conocido, el capítulo 7 de Rayuela y por su delicadeza sensual es una prosa con un gran contenido poético. Su lectura apasionada me lleva a entender como cada coma desempeña la función del escalpelo que disecciona un verso del siguiente.


Rayuela: Capítulo 7.
Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Rayuela, es una novela que, sin querer definirla, me atrevería a calificarla de surrealista, obviamente no se la puede encauzar por tener una línea definida en su narrativa; por su carácter innovador y transgresor se la ha considerado como la antinovela. Por tanto no creo decir ningún inconveniente si defino a Rayuela como transgresora en que, una gran mayoría de lectores la aceptan y la veneran por haber hecho gozar momentos divinos y tiernos que son descritos por el autor con una delicada sensibilidad notable. Cortázar, dio una estructura a Rayuela que la convirtió en un juguete. La propuesta del orden de sus capítulos no es convencional, es rara y complicada pero también generosa: había que seguir unos laberintos posibles para leerla, aunque casi con toda seguridad ha sido el propio lector quién decidió leerla en la forma que más le convino. Como admirador de una parte de la obra de Rayuela me detendré en otro capítulo divertido, sensual y, hasta cierto punto erótico en el que, con un lenguaje inventado, deja al lector su personal interpretación.

El Capítulo 68 es extraordinario, me encanta transcribirlo porque es un derroche de fantasía, un lenguaje músico/sensual —en lenguaje glíglico— un pseudo lenguaje erótico inventado y que, como he dicho anteriormente, Cortázar se inspiró en el jitanjáfora de Alfonso Reyes, lenguaje que hablan los protagonistas de la novela. No es una extravagancia, es una invitación a jugar como lo haría un niño. Un juego con un lenguaje amoroso, aparentemente incomprensible, que comparten los enamorados que los envuelve dejándolos extenuados y aislados del resto del mundo.


Rayuela: Capítulo 68
“Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en un grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de cara al nóvalo, sintiendo como poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariaconcia. Y sin embargo era apenas el principio, porque en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consintiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! volposados en la cresta del murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaba el troc, se vencían las marioplumas y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.”

Rayuela es, sin lugar a dudas, mucho más que lo que yo he querido resaltar, mis palabras son tan sólo mi respetuosa consideración a su obra, a Rayuela, ese genial laberinto lúdico escrito por el admirado Julio Cortázar en el 50 aniversario de su publicación. Obra que valoro y estimo, como la mayoría de sus lectores, embebidos por su esencia literaria y por la bella utopía de sus palabras.


Capítulo 93 (fragmento)
(...) Sacás una idea de ahí, un sentimiento del otro estante, los atás con ayuda de palabras, perras negras, y resulta que te quiero. Total parcial: te quiero. Total general: te amo. Así viven muchos amigos míos, convencidos del amor—que-sienten—por—sus—esposas. (...) Lo que mucha gente llama amar consiste en elegir a una mujer y casarse con ella. La eligen, te lo juro, los he visto. Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al vesre. (...) Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos cuando salís de un concierto. (...) las perras negras se vengan como pueden, me mordisquean desde debajo de la mesa. (...) ¿Por qué, pourquoi, why, warum, perché este horror a las perras negras? (...) Tengo miedo de ese proxenetismo, de tinta y de voces, mar de lenguas lamiendo el culo del mundo (...) En guerra con la palabra, en guerra, todo lo que sea necesario aunque haya que renunciar a la inteligencia, quedarse en el Mero pedido de papas fritas y los telegramas Reuter. (...) Curioso, muy curioso que Puttenham sintiera las palabras como si fueran objetos, y hasta criaturas con vida propia. También a mí, a veces, me parece estar engendrando ríos de hormigas feroces que se comerán el mundo...


Julio Cortázar en Barcelona
Nacido en Bruselas en 1914, mientras las tropas alemanas entraban en Bélgica, bombardeándola, su familia —al ser Argentina un país neutral— les fue permitido, huyendo de su país, trasladarse primero a Suiza y luego a España. Cortázar recordaba en una entrevista con Joaquín Soler Serrano en TVE, "entre un año y medio y los tres años y medio de edad, yo viví en Barcelona, hasta que en 1918, una vez terminada la guerra, la familia pudo volver a la Argentina".

Barcelona quedó grabada en su subconsciente, decía Cortázar: (...) “tengo recuerdos pero no son precisos. Recuerdos que me atormentaban cuando era niño de nueve o diez años, muchas veces me aparecían imágenes inconexas y dispersas que no sabía interpretarlas con nada conocido. Se lo pregunté a mi madre: 'Mira, hay momentos en que yo veo formas extrañas, colores, como mayólicas con colores. ¿Qué puede ser eso? Y mi madre me dijo: —Bueno, eso puede corresponder a que a ti, de niño, en Barcelona, te llevábamos casi todos los días a jugar con otros niños al parque Güell”. Años después quiso recuperar esas impresiones lejanas: (…) "La primera vez que vine a Europa, en 1949, tomé un barco cuya primera escala era en Barcelona. Y lo primero que hice fue ir al parque Güell. Naturalmente la imagen no correspondía. Lo miraba desde mis 1,93 metros, evidentemente, ya no concordaba con la mirada mágica de cuando era niño".

Durante los años 60, 70 y 80, fue un asiduo visitante de Barcelona, y muchos le recuerdan. Joaquín Marco (‘Julio Cortázar: la isla final’; edición de Jaime Alazraki, Ivar Ivask y Joaquín Marco) dijo de Cortázar: (…) "Causaba impacto por su físico: medía casi dos metros, tenía cara de niño, porque a pesar de su edad no tenía entonces pelo en la cara, a causa de una enfermedad que le retrasó los signos de la edad, no tuvo pelo hasta los 50 años, cuando se sometió a tratamiento. Le recuerdo hacia 1972-1973, llegando en una camioneta roulotte desde Francia. Me explicó que había dormido en la plaza Lesseps: —“La vi tranquila, aparqué y dormí'. Él veía la autopista como medio de conocer gente".

Sobre su aspecto juvenil, en sus visitas a Barcelona, bromeaba con la uruguaya Cristina Peri Rossi, que lo comparaba con Dorian Grey, ante lo cual el argentino replicaba: (...) "Yo no me voy a despertar un día convertido en un anciano decrépito y asqueroso".

El escritor y periodista español Javier Rodríguez Marcos antes de escribir un artículo para El País habló por teléfono con Cristina Peri Rossi residente en Barcelona y amiga de Cortázar para que explicara su opinión respecto a Rayuela y qué fue lo que representó dicha novela para la gente que como ella tenía 20 años cuando se publicó.

“Es la novela emblemática de la gente del 68. La leímos con el telón de fondo de los movimientos revolucionarios en Europa y América Latina. Toda una generación se identificó con el libro. Todas las mujeres querían ser la Maga. Todos querían vivir en París y Buenos Aires. Acertó a retratar una sensibilidad. Es cierto, teníamos 20 años, hoy tenemos 70 y muchos han traicionado esos valores. Un amigo pintor argentino me decía hace poco que ya no se identificaba con Rayuela. Yo le respondía: ‘Porque en el 63 tenías 20 años, eras pobre y revolucionario; ahora eres famoso, burgués y te hacen exposiciones retrospectivas’. ¿Que el mundo ya no es así? Tampoco es como la Troya de Virgilio. Si hubiera que dar un libro a los marcianos para explicarles cómo era el mundo en esos años les daría Rayuela”. “En literatura no hay progreso, pero fue un hito. Claro que se puede escribir como antes de Rayuela, pero serán eso, novelas de antes de Rayuela”.

En Barcelona vive actualmente el que pasa por ser su descubridor, el editor argentino Francisco Porrúa, ya jubilado, quien dijo: (...) En verdad, yo no descubrí a Cortázar, como tanto se dice. Cuando llegué a la editorial Sudamericana, de Buenos Aires —propiedad del catalán exiliado Antoni López Llausàs—, ya habían publicado los cuentos de 'Bestiario'. Lo que sucede es que estaba la edición entera sin vender, bueno, había vendido 65 ejemplares, el resto estaba en los almacenes. Me advirtió el administrador de la empresa: (…) “Este libro no se vende nada”. Comercialmente todo invitaba a no seguirle publicando pero yo les respondí que era un problema temporal y que había que mantener la apuesta por él. Y, efectivamente, ‘Las armas secretas’ ya fue bien recibido".

Tan amigo fue Cortázar de Porrúa que le contaba los intentos de Carlos Barral para llevárselo a su editorial. En febrero de 1967, le cuenta: (...) "la frescura de Carlos no tiene abuela. Mirá el telegrama que me encontré al llegar de Cuba: 'Presentarías novela inédita aún pendiente revisión premio biblioteca breve STOP pues tienes editoriales a tratar STOP contesta en condicional telegrama STOP confidencial carlos barral. / Este tipo es tonto o pirata a secas (...) Estoy un poco harto de este asunto con los catalanes".

Cortázar también participó en la gestación de una carta de protesta de intelectuales contra la postura del régimen de Fidel Castro ante el escritor disidente Heberto Padilla, obligado en 1971 a leer en público una humillante carta de autocrítica. Una carta que se negoció e impulsó desde Barcelona y París. Juan Goytisolo cree que: (...) "el caso Padilla [2] marca el inicio del alejamiento de Cortázar" de algunos de sus amigos barceloneses —que se convertirán en feroces anticastristas— pero también añade que: (...) "fue más negativa la actitud de su compañera de entonces, Ugné Karvelis [3], una mujer terrible, la mayor intrigante que he conocido. Le contagió la hostilidad que nos tenía a muchos".

La editora Esther Tusquets afirma que: (...)"vino mucho a Barcelona y cenó en mi casa un par de veces. Para Lumen, me hizo un libro con fotos suyas del observatorio de Kuala Lumpur". Y Peri Rossi evoca sus visitas a librerías de viejo en Ciutat Vella, mientras admite que lo suyo no eran los restaurantes, pues García Márquez le invitó al Restaurante Reno y, para estupor del colombiano, Cortázar pidió... un bistec con patatas.

Fuentes:
Hemeroteca La Vanguardia

El País

The Paris Review

[1] University of Texas, Austin:
Los manuscritos de Rayuela se pudieron adquirir gracias a Laura Gutiérrez-Witt, directora de la Benson Latin American Collectión de la University of Texas, Austin y de Donald Gibbs, bibliógrafo latinoamericano; gracias también a la colaboración de Saúl Yurkievich, poeta y ensayista argentino, catedrático en la Universidad de París y albacea del autor.

[2] Caso Heberto Padilla
El encarcelamiento de Heberto Padilla por el gobierno cubano provocó una reacción en todo el mundo, con las consiguientes protestas de conocidísimos intelectuales entre los que figuraban Julio Cortázar, Simone de Beauvoir, Marguerite Duras, Carlos Fuentes, Juan Goytisolo, Alberto Moravia, Octavio Paz, Juan Rulfo, Jean-Paul Sartre, Susan Sontag, Mario Vargas Llosa y muchos otros. Después de 38 días de reclusión en Villa Marista, Padilla leyó en la Unión de Escritores su famosa Autocrítica, en la que reniega de sus obras e ideas expresadas anteriormente. El incidente con Padilla "representó un antes y un después en la tirante relación entre la intelectualidad mundial y la Revolución Cubana", que marcó "el fin del idilio" entre ambos.

[3] Ugné Karvelis
(Noreikiškės, Lituania, 13 de junio de 1935 – París, 4 de marzo de 2002) fue una escritora, crítica literaria, traductora y diplomática lituana. Su trabajo como editora de la editorial francesa Gallimard fue fundamental para la difusión en Francia de la literatura latinoamericana y de Europa Oriental. Fue compañera sentimental de Julio Cortázar, representante literaria y divulgadora de su obra en Europa.  La relación que mantuvo con Julio Cortázar, (1967 a 1978) fue decisiva en la politización del pensamiento, de los escritos y de las actividades públicas del escritor.



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