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jueves, 20 de octubre de 2016

LA SOMBRA ENCADENADA




Ognuno sta solo sul cuor della terra, trafitto da un raggio di sole: ed è subito sera.  Solitudine | Ed è subito sera | Salvatore Quasimodo



La sombra encadenada
Cuantas veces en mis paseos solitarios, paseos de reflexión, tú te presentas de improviso acaparando mi mente. Un tiempo de íntimo recogimiento en que se agolpan tus palabras de ayer entrelazadas con las mías, también de ayer y las de hoy. Me gusta pensarte mientras paseo por nuestros jardines de Vil·la Amèlia, me encanta este nombre desde que ambos profundizamos en conocer la etimología de su nombre y, entre las varias que existen, escogimos la más afín a nosotros: nombre que deriva del griego amalh (amále), forma femenina de amalov (ámalos), que significa, tierna, delicada y sensible..

Jardines donde hace años adoptamos a nuestro amado árbol, el Ginkgo biloba, el árbol que tantas complicidades vividas esconde de nosotros. El Ginkgo es el símbolo de nuestra interpretación del realismo mágico, de él extrajimos la esencia de nuestros escritos en los que su finalidad no era la de suscitar emociones, sino expresarlas. Fue nuestra cómplice actitud frente a la realidad, hasta que tu rayo de sol inesperadamente anocheció y la fría oscuridad eterna te envolvió.

El Ginkgo, es considerado el testigo del tiempo. Darwin llamó a este árbol con toda propiedad —fósil viviente— pues está considerado como la especie superior viva más antigua del planeta. En la milenaria China es valorado por su carácter mágico y sagrado, pues es una representación viva del cosmos, con sus elementos sombríos y luminosos, dinámicos y estáticos, que están en continuo equilibrio entre fuerzas opuestas. El Ginkgo representa la dualidad del mundo: el principio masculino y el femenino, el cielo y la tierra, lo visible y lo oculto, el Sol y la Luna, el Yin y el Yang. La naturaleza es obstinada en sus enseñanzas, tiene muchos recursos y es sorprendentemente sabia. Las especies, para no extinguirse, mutan, se hibridan, se adaptan a nuestras agresiones, hibernan, estivan, las mejores y las más fuertes sobreviven. No todo está perdido.


Nuestro Ginkgo es un bello ejemplar de muy pocos años, unos diez. El Ginkgo es un árbol dioico, el cual tiene sólo flores unisexuales; existiendo árbol femenino y masculino. El nuestro, es un árbol masculino situado en el extremo Noroeste del recinto y, al caminar, en un día soleado, en mis paseos de íntima soledad, abstraído en mis cavilaciones de tiempos vividos, llego a imaginar que la sombra que proyecta mi persona, es la tuya. Es como sí nuestro Yin-Yang se fundieran en una sola dimensión, en una sola persona. Es como llevarte de paseo conmigo, un paseo placentero en el que no solamente me acompañas en mis pensamientos y en mis recuerdos, sino que la sombra proyectada en el suelo tú siempre estás cercana a mí. Unas veces por el efecto de la elevación cenital del sol, eres una sombra pegada a mí, intensamente pegada a mí; una sombra casi invisible para las demás personas y, en otras, al finalizar la tarde, eres una sombra muy alargada, descaradamente despreocupada, juguetona, casi una sombra exhibicionista e independiente de la mía, como sí el secreto que mantenemos de que no nos vieran juntos hubiera desaparecido.

En mi paseo tranquilo y cuando el sol ya está declinando y queda poca gente en el recinto de los jardines, mi pensamiento se sobresalta porque te percibo más provocadora y despreocupada que nunca, ya que en ese momento aparece en ti todo el vigor de mujer coqueta y desenfadada. Tu risa se hace presente, tus guiños cómplices me apabullan, pienso en la mujer juguetona que siempre has sido, esa mujer osada y cariñosamente atrevida y descarada. Has sido una mujer transgresora que encuentras vida en todo lo que te rodea. Eres una sombra encadenada pero juguetona, revoloteas alrededor mío separándote de mis pies, haciéndome enfadar, provocándome hasta el infinito para que mi nerviosismo del momento se vaya acrecentando. ¡¿Cómo explico yo a la gente que pueda vernos que mi sombra no está unida a mis pies?! Mi enfado es transitorio porque sé que después en nuestro íntimo recogimiento lo aplacarás con todo el cariño y, mi enfado provocado por ti, será el acicate de todo ese proceso maravilloso de mimos, caricias y tú, que sabes pedirme perdón con toda picardía, me desarmarás como otras tantas veces hiciste en vida. Ahora tu lúdico acercamiento me hace recordar tus generosas y amorosas palabras de siempre: lo mejor de nosotros está en las reconciliaciones.


Estar contigo por unas horas Smot —aunque sea en mis pensamientos— tal como tú me decías: no es poca cosa. Sin duda esos momentos de íntima reflexión tienen la grandiosidad de que pervives, todavía existes y estás cercana. Tengo que reconocerte la feliz influencia que has tenido y has proyectado en mi vida. Perdurable y vivo es el afecto y el cariño que nos tuvimos.

—Amado mío, tus palabras, —las que  ahora forman tu escrito—, me llegan y me reconfortan saberlas desde la fatal lejanía impuesta e irreversible, pero no desde el olvido. Seré, sí tú lo deseas, tu Josefina, tu fiel amante y me tendrás junto a ti para siempre. En este etéreo contacto todavía percibo la ternura y el afecto que hay en tus palabras. Gracias amado mío, déjame terminar este extraño escrito tuyo con unas palabras mías cuando —nuestra lejanía era cercana— tu me escribiste una bellísima reflexión bajo el epígrafe “cuando se acabe el mundo” y yo te decía: Me encanta tu razonamiento y tus palabras y, sí pudiera firmar un contrato para que el final de mi vida fuera el que tu me describes, lo haría. Recuerda, amor mío: mon manège à moi c'est toi!!!
© Lluís Busom i Femenia





viernes, 29 de enero de 2016

ADIÓS, SMOT | Adiós Josefina



Miércoles, 2 Diciembre 2015
Empieza a hacer frío, Smot, las hojas de los árboles se han puesto la bufanda de colores, aquella que tanto valorábamos de tonos amarillos. Goethe dejó escrito, respecto a las personas que ven en los árboles el sentido trascendente de la vida que, en cada hoja del ginkgo biloba se puede escribir un poema de amor, sus hojas, dos mitades fundidas en una sola, son la esencia del amor. El ginkgo biloba, el árbol milenario, es el árbol de la esperanza de los japoneses. Dicen que el ginkgo biloba extrañan a las personas que les han demostrado su afecto, de aquellas personas que los aman, que se encariñan con quién tuvo el gesto de adoptarlos. Tengo en mis manos el certificado de nuestro Ginkgo biloba, es un breve escrito de hace tres años que nos otorgó la adopción. Puedo asegurarte que el árbol que amamos, ahora luce espléndido con sus hojas de infinitos amarillos.

Durante el breve paseo por el parque y ayudado por la brisa me hizo saber que te extraña. Me senté en ese banco solitario que está a su lado; estuve hablando con él, no te extrañes Smot pero me pareció escuchar sus palabras vacilantes y entrecortadas; el movimiento de sus hojas y el persistente viento sibilante me hicieron entender que no te encuentras bien, estás débil y frágil, pero confía en mí todo pasará Smot, tienes que recuperarte, tienes que fortalecerte, es cuestión de un tiempo corto para que podamos estar juntos.

Miércoles, 9 Diciembre 2015
Estoy muy preocupado Josefina, no he tenido noticias tuyas, sólo dos pequeñas señales para que notara tu presencia. Es un sentimiento ambivalente y contradictorio. Me ha llenado de alegría saber de ti, pero mi intranquilidad aumenta. Yo que no soy creyente hubiera querido preguntarle por ti a Dios, pero no sé sí quisiera escuchar su respuesta. Tengo miedo a su respuesta! Pero en mi rezo profano y ambiguo, le pido una cosa sobre todas las demás, le pido que te cuide, que no te suelte la mano. Que no apague la luz de la estrella secreta que mirábamos a veces, también la luna nos pertenecía. Eran esas lunas de plenilunio que en distintos husos horarios era nuestro punto de encuentro. 

Aquí estoy, Josefina! No te dejaré sola! Sí ya sé que ahora nada es lo mismo, comparado con tiempos de íntimo desespero, de dicha infinita, ahora lo que importa sólo eres tú.  Quiero que sepas que, pase lo que pase, andarás siempre en los caminos de mis pensamientos, mi mano está sujetando la tuya. Y aunque la vida nos cambie, aunque el destino arme su voluntad de forma amarga, todas las noches te hablaré para que te duermas con mi voz... quiero oírte respirar, notar tu aliento en la lejanía, oler tu perfume, necesito saber que tu respiración es constante y que tus ojos brillan como siempre!

Miércoles, 16 Diciembre 2015
Tristemente en ese día de diciembre, a las 9:15 horas, el frío y la noche llegó de improviso, al Ginkgo biloba se despobló de sus hojas, la tierra las hizo suyas cubriéndose del frío. Su tronco y sus ramas quedaron con el alma desnuda. Mis lágrimas anunciaron el adiós definitivo. 

El cielo bajó a la tierra y la noche envolvió tu alma. Desde tu ausencia, Josefina, todo es ruina; hasta los dioses han desaparecido de nuestra intimidad; Deus Mars y Deus Iuppiter nunca más nos regalaran vida, se fueron contigo y, en ese mismo instante, se hizo presente el poema compartido que, en nuestra madurez entendimos perfectamente, el poema de Salvatore Quasimodo: “Cada uno está solo sobre el corazón de la tierra traspasado por un rayo de sol: y de pronto anochece. 

© Lluís Busom i Femenia


Josefina, presencia y ausencia
Se cumplen cuatro años de tu recordada ausencia,
recuerdo infinito de tu presencia siempre retenida.
 
Universo de tu voz que todavía describe tu presencia,
cálido remanso de cariño que nos llenó de más vida.
 
Tus palabras de amor permanecen con toda su esencia
dulce voz, fragancia vital de mujer, deseada y querida.
LBF


Ginkgo biloba
¿Por qué es nuestro el Ginkgo biloba?
Porque desde Argentina elegiste uno
que crecía en Barcelona.
Lo encontré en un jardín cercano
y, al adoptarlo, fue como ver crecer a un hijo.

Compartimos ilusionados sus cambios:
su verdor incipiente en primavera,
del verano, su frondosidad.
En otoño es cuando más luce
con sus hojas de múltiples amarillos.
Y, en tu invierno, se desplomaron
sus hojas abrazando tu vida para siempre.
LBF



—A ti, amada Josefina
Ya te dije, amada, que llevas en sí un hijo mío
y por él tienes siempre el océano en el alma.
Vida engendrada en la inmensidad de tu piel,
dulce océano compartido que nos dio vida.
Contigo quiero partir, quiero vivirte en mi sueño.

—Amado mío, ya es tarde: quedémonos así!
Nadie podrá quitarnos ni el cielo, ni el océano,
ni los sueños, ni el hijo que tanto deseamos.
Todos fueron y son esencia de nuestra vida.
LBF



Miraré al cielo para verte entre las nubes
y esparciré al viento un puñado de recuerdos felices. 
Escucharé en silencio, tu silencio omnipresente
y me recostaré con la cara pegada en mi almohada,
oliendo tu piel arada con la pasión de amante
para percibir —todavía— tu esencia vital junto a mí
y tu inmortal espíritu de vida eterna.
LBF

viernes, 18 de diciembre de 2015

ODA AL GINKGO BILOBA | A los amantes Goethe & Marianne

Este escrito, esta Oda al Ginkgo biloba y a los amantes Goethe & Marianne, fue una idea compartida con Josefina Basualdo, el amor de mi vida, que quisimos dedicar al poeta, botánico y filósofo Johann Wolfgang von Goethe y a su amante Marianne von Willemer centrándonos en el espíritu de su bello poema Ginkgo biloba, escrito en 1815.

Ahora, también, me sirve como homenaje póstumo a ella, a Josefina Basualdo, a su espíritu innovador, buscadora incansable de la belleza en todas las cosas de la vida, a veces incluso, encontrando la armonía y la perfección en las cosas más insignificantes, como fue esa hoja del árbol ginkgo biloba que ella amaba. Descansa en paz amiga Josefina. Un beso.


Oda al Ginkgo biloba | A los amantes Goethe y Marianne
Hace unos 280 millones de años, antes del periodo Triásico aparecieron los árboles Ginkgoaceae que alcanzaron su apogeo en el período Jurásico. Una familia de árboles extinguida con un único representante sobreviviente en la actualidad, el género Ginkgo con la especie Ginkgo biloba. Árbol dioico, el cual tiene sólo flores unisexuales; existiendo árbol femenino y masculino.

Millones de años después, ahora, podemos disfrutar de la frondosidad de nuestro árbol, el Ginkgo biloba que, al igual que el árbol plantado en el jardín botánico de Leiden, nuestro Ginkgo se trata de un árbol varón con un injerto de Ginkgo hembra y, al caminar, lo hacemos en un corto paseo matinal por el parque; paseo que se engalana con un perfume penetrante, fragancia a tierra mojada que tras la lluvia estival todo luce más fresco, más nítido, más brillante, como lucen las hojas verdes de nuestro árbol, ese árbol es el rey del lugar, el Ginkgo biloba.

Nos agrada sentarnos en el banco bajo su incipiente sombra mañanera que, majestuosamente nos ofrece serenidad, frescura y protección. Banco acogedor que a similitud del “Diván de Oriente y de Occidente” —poema escrito por Goethe— ocurre, al igual que en su poema, en esta Oda al Ginkgo biloba hay pedazos escritos por una mujer que, en principio, no se dieron a la luz. Es un tiempo de descanso que nos invita a reflexionar acerca de la preciosa vida de este singular árbol símbolo de la esperanza y de lo imposible.

Sus hojas son una unidad, divididas en dos, son el uno y el doble, son como alas de pájaro, alas de mariposa, manos entrelazadas de enamorados y conforman la perfecta simetría, asociándose, por tanto, a una relación de igual a igual. El poema de Goethe, al igual que nuestras palabras, simbolizan la unidad en la dualidad, el Este y el Oeste. Que, como dos amantes, se combinan, se entrelazan y conviven y, sin embargo, cada uno conserva su identidad. Y aquí radica la esencia de su profundo significado: Árbol milenario tan antiguo como el mismo amor. Cobijo de amantes: —Goethe y Marianne—, dueño de pasiones secretas, de los más opuestos rincones del mundo. Árbol sobreviviente a la masacre de Hiroshima, árbol que renace en dos mundos como el Ave Fénix.
© Lluís Busom i Femenia

Gingo biloba
Las hojas de este árbol, que del Oriente
a mi jardín ha venido, lo adorna ahora,
tienen un arcano sentido que al sabio
de reflexión le brindan materia obvia.

¿Será este árbol extraño algún ser vivo
que un día en dos mitades se dividiera?
¿O dos seres que tanto se comprendieron
que decidieron fundirse en uno solo?

La clave de este enigma tan inquietante
le encontré el verdadero sentido:
¿No adivinas tú misma por mis canciones,
que soy uno y doble como este árbol?

Manuscrito original del poema “Ginkgo biloba”.
Publicado en la obra de Goethe 'West-östlichen Divan'