Mostrando entradas con la etiqueta Infancia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Infancia. Mostrar todas las entradas

jueves, 30 de junio de 2011

HIROSHIMA




DECISIÓN POLÍTICA
La carrera armamentística que el gobierno de los EE.UU. se había impuesto para que sus científicos lograran la bomba atómica se había convertido en una cuestión de estado, pero cosa bien distinta era llegar a utilizarla. Conseguir la bomba atómica era una prioridad que dotaría a los EE. UU. de un poderío hasta el momento no alcanzado por ninguna otra potencia y, este hecho, al margen de otras consideraciones era de considerable importancia. En principio usarla no era un objetivo militar esencial. De hecho, muchos de los altos mandos del Presidente Truman eran contrarios a su empleo.

Pero tres meses después del final de la guerra con Alemania, Rusia no había declarado aún la guerra al Japón y, este hecho, hacía que fuera considerado como una amenaza para la paz en Europa. Posiblemente fue más una decisión política que militar y, lo fue, para demostrar el poderío estadounidense a Rusia y, de esa forma, contener la posible amenaza. El 25 de julio 1945 el presidente Truman confirmó que, a menos que el Japón se rindiera incondicionalmente, el bombardeo atómico se efectuaría sobre el Japón. Dos días después del lanzamiento de la bomba sobre Hiroshima, Rusia declaró la guerra al Japón.


La base de de los bombarderos Superfortalezas B-29 del 509 Composite Group (Grupo mixto), fue la unidad encargada del lanzamiento del arma nuclear sobre Japón. Esta unidad se preparaba para el lanzamiento en la isla de Tinian, en el archipiélago de las Marianas. Era el Coronel Tibbets el encargado de preparar, con el máximo secreto, a una tripulación que meses después se encargaría de lanzar la bomba atómica. Los B-29 eran los aparatos más grandes del momento con sus cuatro hélices de 5 metros, accionadas, cada uno, por un motor radial de 18 cilindros turboalimentado de 2 200 CV. que le dotaban de una velocidad máxima de 585 kilómetros por hora a 7.600 metros de altitud. Sus dimensiones eran verdaderamente gigantescas: longitud, 30 metros y envergadura, 43 metros.


HIROSHIMA, lunes 6 de agosto 1945 - 08:15
La ciudad japonesa de Hiroshima, situada en la isla de Honshu, sufrió la devastación, hasta entonces desconocida, de un ataque nuclear. Ese día, cerca de las siete de la mañana, los japoneses detectaron la presencia de aviones estadunidenses dirigiéndose al sur del archipiélago. Una hora más tarde, los radares de Hiroshima revelaron la cercanía de tres aviones enemigos. Los militares japoneses se tranquilizaron: tan pocos aviones no podrían llevar a cabo un ataque aéreo masivo. Como medida precautoria, las alarmas y radios de Hiroshima emitieron una señal de alerta para que la población se dirigiera a los refugios antiaéreos.



La tripulación del bombardero Superfortaleza B-29 Enola Gay, estaba formada por el Coronel Paul Tibetts, piloto comandante de la nave. El co-piloto: Capitán Robert Lewis. El navegante: Capitán Theodore Van Kirk. El operador electrónico: Teniente Jacob Beser. Los operadores de radar: Sargento Joseph Stiborik y el civil Richard Nelson. Ingeniero de vuelo: Sargento Mayor Wyatt Duzenbury. Artillero de cola: Sargento Mayor Robert Caron. Especialista nuclear: Capitán Deke Parson. Experto en cifrado: Teniente Segundo Morris Jeppson.

A las 8:15, el bombardero B-29, ''Enola Gay'', lanzó sobre Hiroshima a ''Little boy'', nombre en clave de la bomba de uranio. Una bomba con una carga equivalente a 15 Kilotones de TNT, es decir, 15.000 toneladas de Trinitrotolueno. Un ruido ensordecedor marcó el instante de la explosión, seguido de un resplandor que iluminó el cielo. Minutos después, una columna de humo color gris con un corazón amarillo de fuego con una temperatura aproximada de 4000º C se convirtió en un gigantesco hongo atómico de poco más de un kilómetro de altura.

  

Tras lanzar sobre Hiroshima la primera bomba atómica y tres días después otra bomba sobre Nagasaky, esta de plutonio, el Gobierno estadounidense impuso una estricta censura fotográfica sobre la ciudad. Tras una explosión que aniquiló en el acto a más de 140.000 seres humanos y destruyó el 70% de las estructuras físicas de la ciudad, Estados Unidos tuvo muy claro que cuanto menos viera el mundo de aquello, mucho mejor.

Se estima que las víctimas de las explosiones a finales del año 1945, las bombas habían matado a 140.000 personas en Hiroshima y 80.000 en Nagasaki, aunque sólo la mitad había fallecido los días de los bombardeos. La cifra de muertos por la onda expansiva, el calor, los incendios y la radiación liberada nunca se sabrá con exactitud. Algunos han llegado a estimar el total en más de un cuarto de millón de víctimas.

Entre las víctimas, un 20% murieron por lesiones o enfermedades atribuidas al envenenamiento por radiación. Desde entonces, muchas personas fallecieron de leucemia y cáncer atribuidos a la exposición a la radiación liberada por las bombas. En ambas ciudades, la gran mayoría de las muertes fueron de civiles.
Hiroshima fue descrita por la Fuerza Aérea de los Estados Unidos como un importante puerto de embarque en el centro de un área urbana industrial. Era un buen objetivo en el radar y tenía el tamaño suficiente para que gran parte de la ciudad pueda ser exhaustivamente dañada. Las colinas que rodean la ciudad probablemente producirían el efecto de enfocar, lo que seguramente incrementará considerablemente el daño causado por la explosión. También se consideró que debido a los ríos no sería un buen blanco incendiario.

El punto de referencia era un puente sobre el brazo más ancho del delta del río Ota y la bomba estaba lista para ser lanzada a las 08.15, hora local. Sólo diecisiete segundos después, con el bombardero B-29 a una velocidad de 450 km/h y a una cota de cerca de 9 700 m, la bomba "Little Boy" fue lanzada abriéndose el paracaídas que estabilizó su descenso. El "Enola Gay" y su escolta viraron rápidamente 150 grados y se alejaron. Cincuenta y un segundos después, a 244 metros del suelo, la bomba explosionó, devastando la ciudad. Instantes después la ciudad de Hiroshima era una planicie estéril sin vida humana.


Lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima (3:04 m.)





GINKGO BILOBA El árbol de la Esperanza
En la ciudad de Hiroshima murieron al instante 140.000 personas, cifra que fue aumentando en los días siguientes hasta llegar a alrededor de 350.000. Los edificios quedaron arrasados y la devastación fue casi total. A apenas un kilómetro del hipocentro de la explosión sobrevivía un árbol, el Ginkgo biloba, era y es un árbol sagrado en China y Japón, se le conoce como portador de esperanza. Su origen se remonta al periodo pérmico, hace alrededor de 270 millones de años, y se hubiese extinguido de no ser considerado un árbol mitológico digno de ser conservado en los templos budistas asiáticos


El Ginkgo biloba "El árbol de la esperanza” sobreviviente de la bomba atómica, se ha convertido en un símbolo internacional de la Paz. Apenas un año después brotaba de nuevo como si nada hubiese pasado. Eso explica que no tenga ni plagas, ni enfermedades ni hongos de la madera, los tres problemas principales de los árboles y, sobre todo, que aguantase la radiación y las temperaturas extremas que se registraron en Hiroshima ese día fatídico para la humanidad. Se trata de una especie única de una antigüedad cercana a los mil años,



Este Ginkgo biloba situado cerca de un templo sobre 1130 metros de distancia del hipocentro. El templo fue destruido pero reconstruido años después, dejando el árbol integrado y protegido en forma de “U” por las escaleras del templo en el que hay grabado “No más Hiroshima” y oraciones para la Paz.

''LA BOMBA ATÓMICA''

Nota de ''La Vanguardia'' de Barcelona del día 7/agosto/1945
(...) El sensacional anuncio del Presidente Truman, según el cual los laboratorios físico-químicos norteamericanos e ingleses han resuelto el problema de la bomba atómica, produce un doble sentimiento de admiración y espanto. Admiración, porque este triunfo representa la culminación de estudios e investigaciones profundísimos y coloca al hombre muy cerca del conocimiento total de los secretos más celosamente guardados por la Naturaleza respecto a la constitución de la materia; espanto, porque el pueblo o grupo de pueblos que pueda manejar a su antojo las enormes fuerzas cohesivas que mantienen el equilibrio de los cuerpos, se convierte de hecho en el dueño absoluto del mundo.

Por muy importante y eficaz que sea el descubrimiento de los sabios norteamericanos, Dios querrá que no exceda de ciertas limitaciones y que su esfera de acción aún terrible y amplísima, no rebase las posibilidades humanas de protección. Porque un hallazgo de esta naturaleza, destinado sin duda a procurar horizontes amplísimos al progreso, puede estar en manos conscientes y creemos que ahora lo está; pero, ¿puede asegurarse que siempre sea así?

Nota personal:
Ninguna consideración sobre las víctimas de Hiroshima, ninguna reflexión sobre el desastre humano que representa bombardear con un ingenio nuclear a una población civil indefensa. El comentario se mueve definiendo el sexo de los ángeles, caminando por el filo de la navaja del bien y del mal y, la consideración de La Vanguardia de que se alegra de que esa arma mortífera esté en buenas manos! 

  

PROYECTO MANHATTAN Albert Einstein, en nombre de varios científicos, escribió una carta al Presidente Roosevelt instándolo a apoyar al grupo de científicos que investigan la utilización de la energía atómica en el Proyecto Manhattan. En principio el proyecto no tenía gran apoyo del gobierno, que lo veía como un estudio teórico que sólo los científicos entendían. Sin embargo la carta de Einstein, que reflejaba el sentir de los científicos, diciendo que era necesario desarrollar una bomba atómica antes que Alemania consiguiera hacerla antes, alerta al gobierno de Roosevelt.  El ataque a Pearl Harbor en 1941, aumentó el temor, pues en ese momento parecía que nada podía detener a las fuerzas del Eje, cuyos ejércitos obtenían victoria tras victoria en todos los frentes.

Atendiendo la sugerencia de los científicos, el Presidente Roosevelt autorizó la creación del Proyecto S-1 dentro del proyecto Manhattan, que inicialmente sería del tipo comercial. Fue dirigido por Arthur H. Compton. Pero las cosas no marchaban bien, Compton no mostraba signos de competencia para manejar un proyecto de esa magnitud.  En setiembre de 1942, Roosevelt dio impulso al proyecto designando un mando militar en la persona del Coronel Leslie Groves. Inmediatamente, Groves reorganizó el equipo de científicos, ingenieros y técnicos, dotándolos de los equipos necesarios para desarrollar su trabajo.  En el primer día a cargo de la dirección del proyecto, Groves ordenó 1250 toneladas de uranio del Congo Belga que se encontraban almacenados en Staten Island.

Groves puso en marcha la construcción de una planta para producir material fisible. En octubre de 1942, Groves nombró al científico Julius Oppenheimer, un profesor de física de la Universidad de California en Berkeley, para dirigir a un grupo de científicos europeos inmigrantes, que se dedicarían a tiempo completo a la fabricación de la bomba atómica y decidieron instalar los laboratorios en el desierto de Los Álamos, en el estado de Nuevo México.  Ese año, Enrico Fermi logró construir un reactor atómico experimental, llamado Chicago Pile 1, con lo que EEUU daba un importantísimo paso en la carrera nuclear.

A comienzos de 1945, el Proyecto Manhattan estaba cerca a alcanzar su meta.  La bomba de uranio tenía el éxito prácticamente asegurado y la bomba de plutonio estaba cerca de ser terminada. En esos momentos, ya el general Groves no se preocupaba por el éxito del proyecto.  Su preocupación era, que la guerra terminara antes que la bomba estuviera lista para ser lanzada.  A fines de enero de 1945, la producción de uranio enriquecido aumentó, estimándose que alcanzaría los 40 Kg.  en julio.

En marzo la etapa de desarrollo de la primera bomba, con nombre de código Trinity, estaba llegando a su fin y en abril comenzaron a seleccionarse 17 lugares para la explosión de la bomba.  Durante los meses de mayo, junio y julio de 1945, se hicieron las primeras pruebas reales y la lista de posibles blancos fue depurada.  Mientras tanto el Grupo 509 llegaba a su base en Tinian, Islas Marianas.  El 16 de julio de 1945, Trinity, la primera bomba de prueba fue explotada exitosamente en el desierto de Los Álamos.  El destino de los habitantes de Hiroshima y Nagasaki estaba decidido. 

El primer ensayo de la bomba atómica se hizo en el estado norteamericano de Nuevo México. El 16 de julio de 1945 en el desierto donde fue detonada la primera bomba en el "Test Range Alomogordo" llamada prueba "Trinity". El lugar exacto de la explosión lo llamaron "Trinity Site" dentro de la base "White Sands Missile Range" a unos cien km. de Alomogordo. La imagen de los restos de la explosión es como una incrustación de algo más de medio km. de un color de mar verde. Es como sí la superficie de la tierra hubiera sido aplastada por la presión. 


El Departamento de Guerra estadounidense autorizó, varios meses después, a un selecto y reducido grupo de periodistas y fotógrafos la visita del cráter de la prueba nuclear. Fueron acompañados por el General Leslie Groves, director ejecutivo del Proyecto Manhattan y del Dr. Robert Oppenheimer, director del Centro de Investigación Atómica en Los Alamos, en el estado de Nuevo México. La revista LIFE publicó la foto del impacto de la primera bomba atómica.


"La guerra es un acto de fuerza, y para la fuerza no hay limite alguno", afirmó en 1945 el general Leslie Groves en Los Alamos, durante su conversación con Oppenheimer. Había citado al filósofo militar prusiano Kart von Klausewitz, quien a comienzos del siglo XIX escribió esa sentencia. Pero después de Hiroshima tales palabras son algo más que una visión del mundo: constituyen la amenaza de la liquidación definitiva de la cuestión humana, limpiando de habitantes todo el planeta.



Algunos de los científicos que participaron en este proyecto:


Robert Oppenheimer:
Director del proyecto, se opuso al uso militar de la energía nuclear una vez terminada la guerra. 


Enrico Fermi:
Huido de su Italia natal, fue el creador de la primera pila atómica en la Universidad de Chicago.
 
Edward Teller:
Judío huido del régimen nazi. Uno de los más fervientes defensores del programa armamentístico nuclear estadounidense. 


Hans Bethe:
Importante teórico del proyecto, director de la división técnica. 


Richard Feynman:
Responsable de los cálculos por ordenador. Tuvo sentimiento de culpabilidad al explotar la primera bomba. 


John von Neumann:
Experto en materia de explosivos, le fue encomendada la misión de ayudar en el diseño de explosivos de contacto para la compresión del núcleo de plutonio del dispositivo ''Trinity'' test y la bomba ''Fat Man'' lanzada sobre Nagasaki. También el encargado de calcular a qué altura debían explotar las bombas para que su efecto fuera más devastador.

'LA CREACIÓN HABRÁ TERMINADO'
Palabras de Gabriel García Márquez
Un minuto después de la última explosión, más de la mitad de los seres humanos habrán muerto, el polvo y el humo de los continentes en llamas derrotarán a la luz solar, y las tinieblas absolutas volverán a reinar en el mundo. Un invierno de lluvias anaranjadas y huracanes helados invertirá el tiempo de los océanos y volteará el curso de los ríos, cuyos peces habrán muerto de sed en las aguas ardientes, y cuyos pájaros no encontrarán el cielo. Las nieves perpetuas cubrirán el desierto del Sahara, la vasta Amazonía desaparecerá de la faz del planeta destruido por el granizo, y la era del rock y de los corazones trasplantados estará de regreso a su infancia glacial. Los pocos seres humanos que sobrevivan al primer espanto, y los que hubieran tenido el privilegio de un refugio seguro a las tres de la tarde del lunes aciago de la catástrofe magna, sólo habrán salvado la vida para morir después por el horror de sus recuerdos. La Creación habrá terminado. En el caos final de la humedad y las noches eternas, el único vestigio de lo que fue la vida serán las cucarachas.

Este es el primer párrafo de la conferencia ofrecida por el Nobel de literatura, Gabriel García Márquez en Ixtapa (México) pronunciada el 6 de agosto de 1986, en el 41 aniversario de la explosión de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima el 6 de agosto de 1945.Texto completo de la conferencia.




SILENCIO INFORMATIVO
El mando militar estadounidense dio órdenes precisas para que no se divulgara e imprimiera nada que pudiera alterar directa o indirectamente la tranquilidad del público. Sólo permitieron las fotografías generales de algún edificio en ruinas o cosas destruidas pero no que implicara el sufrimiento humano. Las autoridades ya habían entendido perfectamente el poder de la fotografía para dejar grabada la muerte sobre la conciencia humana: las imágenes del recién liberado campo de concentración de Auschwitz o del bombardeo de la ciudad de Dresde acababan de hacer historia. Por algo aún hoy el ejército de Estados Unidos prohíbe publicar las fotos de sus propios caídos en conflictos bélicos.

El lado vencedor de la Segunda Guerra Mundial no quería remordimientos de conciencia entre la opinión pública. De ahí que apenas se hayan visto fotografías de la Hiroshima (y Nagasaki) post nuclear, lo que convierte esta exposición en un evento extraordinario. Los primeros indignados por el tratamiento de silencio son los propios afectados, los sobrevivientes de Hiroshima que han construido el ''Hiroshima Peace Memorial Museum'' que recoge todos los documentos de la bomba atómica sobre Hiroshima.



Hiroshima Peace Memorial Museum
Es un museo sobre la víctimas de la Bomba Atómica en Hiroshima y Nagasaki, donde se recogen todos los documentos gráficos, sonoros y testimoniales relacionados con el hecho trágico de la bomba atómica. The Iroshima Peace Memorial Museum.

mantiene vivo el recuerdo de la destrucción causada por la bomba atómica que padeció esta ciudad. También proporcionan una visión del sufrimiento humano causado por las armas nucleares. Sobre todo es una enseñanza para las generaciones futuras, con una especial dedicación a los niños. Pero por sobre todas las cosas el Museo ha tenido la necesidad de informar verazmente aportando todos los documentos de la magnitud del daño causado, en contraposición, al silencio informativo decretado por el mando militar estadounidense. Son tan horribles las armas nucleares y sus consecuencias letales que ha sido más un instrumento de genocidio que un ingenio militar.

Hay una pequeña exposición de dibujos realizados por los supervivientes cuyo texto dice:

En la ciudad de Hiroshima y sus suburbios, viven cerca de unos 120 mil supervivientes de la bomba atómica. Todos se sienten frustrados cuando ven las fotos y cuando oyen relatos sobre la bomba atómica que no son los propios. Dicen, repetidamente ''no es exacto lo que se dice'' En verano de 1974, 29 años después de ser lanzada la bomba atómica un anciano que había sobrevivido a la bomba, hizo una pintura.

La Corporación de Emisión de Televisión (NHK) sabiéndolo, invitó a todos los supervivientes a dibujar recordando lances de la situación que ellos mismos habían vivido. Durante los veranos de 1974-75 un total de 2.300 dibujos fueron recogidos entre gente anciana, aunque la mayoría de ellos no tenían experiencia de dibujo ni pintura. Teniendo el dibujo en la mano decían una y otra vez, ''¡No! No era así. Esto es sólo la diezmilésima parte de lo que realmente fue.''

Esta es una pequeña muestra de los dibujos expuestos que The Hiroshima Peace Memorial Museum seleccionó para mostrarlos al mundo diciéndoles cómo fue. Es mi pequeña contribución para dar testimonio y respeto a esas personas que, como un grito, quisieron demostrar al mundo que el horror vivido fue muy diferente a lo que hemos leído y visto en nuestro mundo.


Intentaron tapar su cara con sus manos, pero la piel de sus manos se despegó...


Me hice una herida y apenas pude andar...


 Un padre tuvo que incinerar a su hijo.., eso es el infierno.


 Las escuelas fueron convertidas en puestos de socorro...


Todos vieron la luz anaranjada, no sabían que 1000 grados de irradiación habían entrado en sus cuerpos...

El sufrimiento en soledad

El fuego salía de sus entrañas...

HIROSHIMA
Rugiendo sobre el cielo
Se abatió la ignominia…
Un destello de fuego,
Cual mariposa encendida
Voló piel adentro…
Y la ciudad quedo muda
Asombrada...
¿Quién enarboló banderas
Para detener la muerte?
Huelen a quemado
Los cabellos de los niños,
Las madres ciegas
Buscan el camino de regreso…
Hiroshima, vergonzosa…
Arrojo de hombres
Igualando dioses.
Se arrodilla el cielo
Vomitando humo,
La niebla del dolor
Se aferra a la conciencia…
¿Quién recuerda sus nombres?
Solo los que sobreviven
Dolorosos,
En el hongo gris de la injusticia.
Que se apiade la memoria
De tanta amnesia,
Que el recuerdo
Prenda un sol de consuelo,
Gritando, unidos para siempre…
¡Nunca más!
Margot del Castillo (Chile)



GOOGLE

Ha ordenado y clasificado todas las entradas de mi blog
y, lo ha hecho, dándome un código:
site:luisbusom.blogspot.com
Para verlas sólo hay que clickar el link de más abajo,
una vez abierta la página a la izquierda tiene varias opciones, entre ellas,
las imágenes que he utilizado en cada escrito.








jueves, 2 de junio de 2011

MI ESPÍRITU FLOTA POR MURUROA (POLINESIA)



Esta es una pequeña historia de cómo mi espíritu se encuentra en la Polinesia francesa. Un rastro de mi vida, un vestigio inmaterial de mi existencia se encuentra allí para siempre. Pero como toda historia tiene un principio y éste se refiere a los primeros pasos que di en mi niñez, los cuales de alguna manera, me llevaron a esa parte maravillosa de la naturaleza que una parte de los científicos y su ciencia maligna la ha convertido en un lugar maldito.

Los recuerdos que tenemos de nuestra infancia son aquellos que nos han sido transmitidos por el entorno familiar y, de forma muy especial, por nuestra madre que es la que vive la cotidianidad y nuestra evolución cuando somos niños, así como todo aquello que hace referencia a nuestro aprendizaje. Es la madre la que va anotando los distintos logros y superaciones que nos son propias de la infancia. Esta pequeña historia va sobre estos recuerdos, los que mi madre, en forma de anécdota, me transmitió.  


Hay una aclaración previa para ubicar en su contexto la historia. Mi madre nació en Montevideo (Uruguay), fue un nacimiento por azar. Su padre Juan Bautista, un trotamundos nacido en Valencia había emigrado en busca de fortuna a tierras de Argelia. Se necesitaban colonos para trabajar en las tierras fértiles de aquella región en aquellos años colonia francesa considerada muy próspera. Pero lo que encontró más que fortuna fue el amor de una chica, nacida ya en Argelia y, por tanto francesa por nacimiento, pero española por parte de sus padres también valencianos que, como mi abuelo, hacía ya años que habían ido a esas tierras con la misma pretensión.

Mi abuelo se casó con María, la que sería mi abuela, en la población de L'Alma. Rápidamente vino al mundo su primera hija Rose y al cabo de un año, tengo que suponer que las ansias por conocer nuevos mundos bullían en su cabeza hasta que consiguió hacer las Américas. Digo bien hacer las Américas porque en pocos años conoció varios países de América del Sur, mientras buscaba el país definitivo en que asentarse. Allí donde residía rápidamente venía un nuevo heredero a ampliar la plantilla familiar. Así ocurrió en Montevideo con mi madre, en Córdoba (Argentina) con mi tía y culminó la plantilla familiar en Lima (Perú) con dos tíos que vinieron seguiditos. Es posible que el peso de la familia ya no debió permitir nuevas aventuras para descubrir otras repúblicas de Sudamérica. En Lima, seguramente las responsabilidades familiares debieron facilitar que se asentara definitivamente y, allí permaneció hasta el resto de sus días.

Mi padre otro trotamundos incansable, después de 20 años de dar la vuelta al mundo, viajando por toda Europa (Francia, Italia, Alemania, Países Bajos, Suecia)  y América (USA, México, Cuba, Venezuela, Argentina, Chile) finalmente recaló en Lima. Parece ser como si Lima tuviera algo especial en el que a los trotamundos hubiera un clima que los apaciguara y, empezaran a sentar cabeza. Lo cierto es que mi padre se casó con mi madre y se vinieron a Barcelona en viaje de novios para quedarse a residir definitivamente en la capital catalana.  

Mi madre recién llegada de América tenía el encargo materno de ir a visitar a la familia que vivía en Argel.  Cuando yo tenía un poco más de doce meses mi madre se dispuso a efectuar ese viaje a Argelia para conocer a su familia. Supongo que consideró que yo debía ir con ella por ser,  en la correspondencia familiar, el centro de todos los comentarios. Así que dispuso que fuéramos los dos.  Embarcamos en el puerto de Barcelona destino Argelia, en el buque 'Sidi-Mabrouk', a la llegada a Argel, capital, nos dirigimos a un pueblo muy cerca de la ciudad, llamado L'Alma, hoy en día, después de la independencia de Francia, se llama 'Boudouaou'.


Estuvimos dos meses en una casa de agricultores de parecidas condiciones en las que se vivían en los pueblos de Cataluña, casas que tenían su huerto con muchos árboles frutales, ahora puedo describirlo por las fotografías que tengo de esa estancia. Una sentado en una hamaca en medio de un caminito del huerto a la sombra de una higuera. Esas fotos y la del pasaporte que nos permitía trasladarnos a Argel, son los únicos recuerdos tangibles que tengo de mi estancia en Argelia. En la del pasaporte la foto de mi madre guapísima, jovencísima sosteniéndome a mí en brazos con la cara medio girada, supongo que como todo niño mi atención debería estar depositada en cualquier otra particularidad más atrayente que mirar las señales que, con toda seguridad, debía estar haciéndome el fotógrafo.
 
En la travesía de regreso a Barcelona, mi madre se mareó pasando un viaje endemoniado, pero a mí se me ocurrió dar por mí mismo los primeros pasos en el 'Sidi-Mabrouk'. Parece ser que la puerta del camarote no cerraba bien y se entreabría constantemente a cada golpe de mar.  Entonces yo gateaba salvando la puerta saliendo a pasear por cubierta andando como un cangrejo primerizo con el desespero lógico de mi madre que mareada tenía que perseguirme hasta alcanzarme. Tantas veces como la puerta se abrió yo salí a dar el paseo de rigor, esperando naturalmente que mi madre, una y otra vez, viniese a detenerme con el deleite por mi parte al haber descubierto uno de mis primeros juegos. Por tanto, la cubierta del Sidi-Mabrouk fue donde mis pies descalzos dejaron marcadas mis primeras pisadas en esa excelente madera de teca de Birmania.


El Sidi-Mabrouck fue un paquebote de 5.500 toneladas que hacía la ruta de Barcelona a Argel y que podía transportar a 181 pasajeros en las tres clases de pasaje. Este barco fue vendido a la marina francesa que, con el más estricto secreto de estado, lo trasladó junto con otros barcos a la Polinesia francesa, después de una larguísima travesía recaló en el paradisíaco atolón de Muroroa para ser sometido en 1993 a una de las pruebas nucleares francesas. El atolón está en el extremo sudeste del Archipiélago de Tuamotú. Un atolón es un anillo formado por un arrecife de coral que conforma una laguna cerrada, saliendo, a lo sumo, unos metros sobre el océano circundante.

Uno nunca llegó a imaginar que ese barco en el que dio sus primeros pasos el destino de ese fuera un destino tan horrible. No me gusta que mi espíritu que permaneció en ese barco durante tantos años, haya terminado sus días desintegrándose en la nada, dejando a ese paraíso de Mururoa de la Polinesia un rastro de contaminación y enfermedades para una población que recibió esas pruebas en secreto y con engaño. Mostrando a la población como símbolo de algo que transformaría la economía de una población necesitada de ayuda. Sólo recibió el estruendo más horroroso de un progreso maldito y, de un desarrollo construido sin ningún respeto y con la insana avaricia de la humanidad. Posiblemente algún resquicio de mis pisadas estén en forma de etérea ceniza depositada en un rincón de esa Polinesia que, un día ya muy lejano, fue uno de mis paraísos soñados.



Si alguien, algún día quiere recordar para bien mi persona, que traslade su pensamiento al paraíso de la Polinesia, allí mi espíritu flotará cercano a la isla de Tahití, allí me llevaron y allí permaneceré, seguro que mi espíritu de niño estará por allá, posiblemente estaré flotando en diminutas partículas imperceptibles bajo ese cielo azul intenso o adherido a la corteza de una palmera, o es posible que forme parte del caparazón de un cangrejo mutante y deforme, caminando con la misma inseguridad de cuando yo di los primeros pasos de niño,  pasos de cangrejo principiante subiendo por el tronco de una palmera hasta alcanzar sus frutos. Un fresco y riquísimo coco, abriéndolo con una técnica ancestral en la que, horadando uno de los tres puntos de germinación, son capaces de extraer con la pinza pequeña toda la sabrosa pulpa del coco. Ya no existe ningún habitante en Mururoa, el paraíso no existe todo es desolación, pero...  ¡Mi espíritu flotará por ese atolón como si aún fuera el paraíso de la Polinesia!
Lluís Busom i Femenia

Mis escritos en GOOGLE+




Varias fueron las campañas que realizó GREENPACE en contra de las pruebas nucleares en el atolón de Mururoa:


  
El Rainbow Warrior protagonizó el hecho más dramático de toda la historia de Greenpeace. En 1985, cuando se encontraba en Nueva Zelanda ultimando los preparativos para partir, una vez más, hacia la zona del Pacífico donde Francia realizaba sus ensayos nucleares, los servicios secretos franceses colocaron dos bombas en el casco y lo hundieron. El tripulante portugués Fernando Pereira murió en el atentado.

Un Tribunal Internacional condenó a Francia a pagar una indemnización a Greenpeace por el hundimiento del buque. Este dinero permitió a la organización adquirir un nuevo barco, bautizado Rainbow Warrior II, para continuar con las campañas de su predecesor, entre ellas, la oposición a las pruebas nucleares francesas en el Pacífico.

En 1995, como su predecesor, volvió al Pacífico para, en el décimo aniversario del hundimiento del Rainbow Warrior I, manifestarse en contra de las pruebas nucleares francesas. Precisamente en la fecha en que se conmemoraba este aniversario, el Rainbow Warrior II fue brutalmente asaltado por tropas francesas y finalmente terminó siendo apresado por estas al igual que el MV Greenpeace. 

miércoles, 16 de febrero de 2011

| EL VALOR DE UN JUGUETE | NARRACIÓN |



Eran tiempos muy difíciles de la posguerra, los niños no sabíamos nada de las dificultades económicas que se pasaban en casa. Nosotros, los niños, no notábamos las carencias que padecían los padres, ni las preocupaciones de casa. Las pocas cosas que recuerdo hacen referencia a las propias de un niño, pero no consigo recordar del todo aquellos días luminosos en que jugaba con otros niños sin mayor preocupación que el juego en el cual estaba inmerso. No consigo recordar con claridad, porque he olvidado aquellas calles de mi niñez vacías de coches, llenas de niños que jugábamos a la pelota en medio de la calle.

Cerca de casa teníamos la calle Mayor, el único que tenía un cierto tránsito. Una calle llena de tiendas muy especial para los niños, tenía vida propia y, por los escaparates de las tiendas, era mucho más que una calle. Los tranvías subían y bajaban llenos de gente en los que casi siempre algún niño travieso iba colgado detrás del tranvía sonriente y burlándose de toda aquella gente que, cuando lo veían colgado como un mono, movían la mano regañándolo por viajar peligrosamente colgado de aquella manera.

Tengo una visión de una escena concreta, la visión y el recuerdo de un niño feliz. Debía de tener casi cuatro años, mi padre me llevó a jugar a un pequeña isla verde de recreo sobre todo para los niños, era a los jardincillos de Gracia -donde se juntan el Paseo de Gràcia y la calle Mayor- en el que había un pequeño estanque y una fuente con un surtidor de agua. Recuerdo que mi padre me llevaba para que jugara con otros niños. Pero a mí me gustaba ver como los niños hacían navegar sus barcos de vela. Yo no tenía ninguno, pero mi padre me hacía barquitas de papel de periódico para que yo jugara en el estanque. Me entretenía jugando pero el surtidor hacía que el agua tuviera muchas olas y, las barquitas de papel, poco a poco se desplazaban hasta que la lluvia fina del surtidor las hundía y, con paciencia mi padre me hacía otra.. pero yo estaba enamorado de un barco de vela blanca que unos niños tan pequeños como yo jugaban con él. Una vez hundidas media docena de mis barquitas de papel nos fuimos hacia casa a comer.

Nosotros vivíamos muy cerca, en una travesía de la calle Mayor y, para mí la calle Mayor era el paraíso de los juguetes, andar por la acera era el mejor espectáculo del mundo. A derecha e izquierda de la calle estaba llena de tiendas de juguetes y bazares. Al ir hacia casa teníamos que pasar nuevamente por la infinidad de tiendas hasta llegar a casa, en este tramo de la calle Mayor teníamos cuatro tiendas de juguetes. Asido de la mano de mi padre andábamos por la acera, mi obsesión poder ver las tiendas de juguetes abiertas a los dos lados de la calle, yo intentaba, con toda mi fuerza, tirar de la mano de mi padre para poder verlas y, cuando habíamos vista una, intentaba ir a la otra aunque estuviera en la otra acera, pero mi padre argumentaba:

—Ahora no, ahora no podemos pararnos porque mamá nos espera para comer.

Yo no le hacía caso, yo quería ver los juguetes de más cerca y estiraba su mano para ir a ver los escaparates de las tiendas.

—Papá, vamos aquella tienda, déjame mirar los juguetes, es sólo un momento!

—Es que ahora tenemos que ir hacia casa!

—Papá, verlos nada más! Verlos nada más!

Con esta frase descargaba su responsabilidad y su conciencia que me comprara ninguno, solamente quería disfrutar del espectáculo del escaparate lleno de juguetes, contemplarlos y extasiarme con tanta maravilla. Mi padre al final se enterneció y dejó que mi mano tirara de la de él hasta que conseguí entrar en el vestíbulo de la tienda. Cuánta maravilla estaba depositada en sus escaparates!

—Papá, Papá..! Mira qué barco de vela más grande! Oh, oh.., tiene tres velas, tres!

Mi padre puso sus manos dentro de los bolsillos, palpó el fondo de los mismos como si buscara algo, hizo un gesto con los hombros y se apiadó de mis ojos llenos de juguetes y, desprendiéndose de un dinero sagrado, me compró un... juguete. Dios mío!, había conseguido un juguete, un barco de tres velas! Dios mío, era increíble! Salí a la calle cogiendo el barco de vela como pude y levantándolo con mis dos bracitos lo enseñé a todo el mundo que quisiera mirarme, mientras a gritos se lo decía a toda la gente de calle:

—Mirad! Mirad!, Mirad que me ha comprado! gritaba enloquecido por haber conseguido el juguete que mis ojos se habían enamorado.
Fue un regalo magnífico de aquellos que toda mi vida recordaré porque al margen de la ilusión que me proporcionó, tiene una lección personal llena de ternura que no la conocí hasta que por una casualidad mi madre, unos meses después de la muerte de mi padre, me lo explicó. Era un día que yo no sé porque hacía memoria sobre mi infancia y le recordaba a mi madre aquella historia vivida de pequeño.. y ella me dijo:

—Lo que tú no sabes es que cuando tu padre te explicaba sus días difíciles durante la posguerra, cuando pasábamos tanto hambre, tu padre consecuencia de haberte comprado aquel juguete, se quedó sin dinero para comprarse la comida que a diario se compraba en el trabajo, en el hotel donde trabajaba. Y, como que ya hacía días que no comía... pasó que, aquel dinero que se gastó con tu juguete lo sustrajo, una vez más, de su comida y, aquel incidente que tuvo tu padre cuando se cayó desmayado en medio del Paseo de Gràcia fue como consecuencia por no haber comido, se desmayó de hambre. El dinero que costó tu juguete fue la gota de agua que hizo derramar el vaso para que tu padre no aguantara más. Aquel barco que tanta ilusión te hizo traía de una forma discreta y escondida el gran amor de un padre que supo serlo en todo momento.


© Lluís Busom i Femenia


EPÍLOGO
Antes de publicar esta pequeña historia la sometí a la consideración de una buena amiga para que me diera su opinión. Ella sin querer entrar sí el relato es real o ficticio lo considera tierno y, su lectura le hace retroceder a un tiempo, quizás no tan lejano, en que la gente pasaba hambre de verdad. Me hace una consideración que afecta a mi final. Yo le anticipo que no quiero cambiarlo porque el padre —aparentemente— no hace ningún sacrificio, él se toma un momento de reflexión, valora la situación y decide emplear este dinero en algo tan provechoso como procurarle este momento de felicidad para su hijo.

Yo he procurado que el final de la historia los dos hechos tuvieran —el juguete y el desmayo— una causalidad manifiesta, pero el mérito de la idea no es mío, ya que al escribir esta aclaración me permite explicar algo más: Quien toma la decisión de unir los dos hechos ciertos convirtiéndolos en ejemplo y enseñanza, es la madre. Es la madre quien convierte los dos hechos en factor de causa y efecto que sirven para explicarle al hijo, cuando ya es un hombre, que esos dos hechos ocurridos dentro de una misma época, sirven para ponderar la memoria del padre en un hecho moral para ejemplificar significativamente el amor que tenía por su hijo. Dejando como enseñanza el que, muchas de las pequeñas cosas que se nos ofrecen, comportan algún sacrificio.

----oooOooo----

jueves, 14 de octubre de 2010

| LA CAJITA DE JAZMÍN | RELATOS |




La educación olfativa comienza desde el primer momento en que venimos al mundo. Nada más abrimos los ojos comenzamos a percibir el entorno y lo vinculamos por los olores que nos envuelven. La razón es que los olores pasan directamente de la nariz al sistema límbico; la zona del cerebro donde se encuentran las emociones más primarias y que es un sistema formado por varias estructuras cerebrales que gestionan respuestas fisiológicas delante de los estímulos emocionales. 

De pequeños aprendemos a distinguir y a reconocer nuestra madre por su olor corporal y archivarlo en nuestra memoria y, desde aquel momento, permanece en nuestro inconsciente y ya nunca nos abandonará. Olores de la madre en el que se entremezclan sensaciones por la necesidad de alimentarse y, al mismo tiempo, sentir la protección amorosa. Esto significa que los olores se van fijando en la memoria del recién nacido por las percepciones asociadas a la experiencia vital.

Hay personas que tienen un olfato hipersensible y puede predecir si en pocas horas el tiempo cambiará. Otros, por desgracia, viven en un mundo sin olores, son los que sufren una anósmia. Esta discapacidad es una consecuencia de un defecto congénito que, el recién nacido viene al mundo sin que se haya desarrollado el nervio responsable del olfato. También existe la anósmia traumática que es consecuencia de un accidente, pero tanto la una como la otra son incurables.

Experiencias personales de olores agradables forman parte de la memoria como recuerdos dulces y amables, también olores repulsivos y desagradables que la memoria olfativa gestiona evocándolos para llevarnos a recuerdos casi olvidados. Muchos recordamos cuando éramos pequeños, el olor de una fruta arrancada furtivamente de un árbol del vecino. O los olores de la hierba mojada haciendo un paseo de hace un montón de años, nos queda en la memoria como una instantánea fotográfica, una secuencia que es un trozo de vida y que forma parte de nuestra memoria. Tengo una buena amiga que recuerda con terror el olor a keroseno o el de la gasolina, de inmediato el olor la hace revivir un momento trágico y difícil vivido cuando sufrió un accidente de aviación. Aquellos momentos terribles de no saber qué había de hacer teniendo su hijo de meses fuertemente cogido en sus brazos para darle toda la protección que era capaz. El olor del keroseno o la gasolina le recuerdan por el olor la secuencia fatídica de aquellos momentos de angustia.


Este es un relato basado en el recuerdo del olor de la flor de jazmín. Eran tiempos de la posguerra, de una posguerra que algunos, aún siendo niños, tuvimos que padecer. No tengo en la memoria ningún recuerdo tan profundo respecto al olor como este momento de mi infancia. Eran años de penurias y escasez, el hambre y el miedo se apropiaron de mi familia. Mis padres y los padres de mis dos primas lejanas dicidieron y creyeron conveniente que lo mejor para sus hijos era trasladarlos fuera de Barcelona. Nos llevaron a casa del abuelo de una de mis primas situada en la barriada de Horta.

En el tiempo en que estoy hablando las barriadas como la de Horta, La Font d'en Fargas, Santa Eulalia de Vilapiscina, eren consideradas más que barriadas como pueblos de los alrededores, incluso considerados de veraneo y aún escasamente integrados en Barcelona. Los escasos medios de comunicación los hacía apartados de la gran Barcelona. Recuerdo muy bien que, salvando tres o cuatro edificaciones emblemáticas que estaban en la carretera de Horta, todo lo demás eran bosques, campos de cultivo y pequeñas casas unifamiliares aisladas. En aquel tiempo era como ir de excursión en pleno campo, ahora todo es hormigón.


En casa de tío Solà -tal como yo le llamaba- vivimos casi un año, sin saber de las dificultades de nuestros padres ni el por qué habíamos de estar los tres niños juntos, pero las preguntas se terminaron rápidamente y nos dedicamos a jugar todo el día. Rosa tenía nueve años, yo tenía seis y Núria cinco años. En esta casa y durante el tiempo que convivimos, nació entre nosotros fuertes lazos de afecto y los primeros descubrimientos de la naturaleza humana, de atracción, de felicidad y de querencia.

Recuerdo esta casa por las cosas que tenía y que para mí eran desconocidas. La casa tenía una pérgola inmensa que proporcionaba en el verano un frescor extraordinario y un pequeño estanque con flores de loto y plantas acuáticas 'paraguas o papiros' con una cascada de agua que bajaba resbalando por las formas prominentes y reconducida por agujeros que le ayudaban a hacer pequeños saltos de agua haciendo bonitas formas hasta caer en el estanque, recordaba mucho el estilo de Gaudí. El murmullo del agua cayendo sobre el estanque forma parte de mis recuerdos amables de la infancia. Un gran pasillo dividía el jardín del huerto y de los árboles frutales y al final del jardín una glorieta hecha con trozos de cerámica imitando las construcciones gaudinianas.

La glorieta tenía una ventana de obra, un agujero de un metro de alto por más de dos metros de ancho, un óvalo inmenso todo envuelto de jazmín. Nosotros a las noches nos sentábamos dentro de la glorieta sobre un banco delante de una mesa hechas de obra charlando de cosas de chiquillos. El olor era intenso y por las noches aún parecía más penetrante. Sentados comiendo el postre.. una rebanada de pan cubierta de la nata de la leche azucarada y respirando el olor incomparable del jazmín. El jazmín me inspiró y a mi manera —con los medios de un niño de seis años— le declaré amor a mi preciosa prima Núria, diciéndole que la quería, al tiempo, que le regalaba una cajita de cartón, con un fondo de pétalos de jazmín, dos piedrecitas blancas y que las dos tenían una mancha negra que si se juntaban parecían que formaban un corazón. Nunca más he olido el jazmín que haya penetrado tanto en mi memoria como aquellos tiempos de niño. Recuerdo la debilidad de mis piernas como temblaban cuando le dije que la quería. Recuerdos que han perdurado acompañados por el olor de esta flor.
Los meses pasaban sin darnos cuenta hasta que un día, un mal día recibimos la terrible noticia de que hacía un tiempo habían fusilado al primo Vicens, tenía unos veinte años, un chico hecho prisionero, en el derrumbamiento y retirada de la Batalla del Ebro, encarcelado y condenado a muerte por haber sido un soldado de la Quinta del Biberón y haber combatido contra las tropas franquistas en favor de la República. Yo le recordaba mucho, porque mientras estaba en la cárcel me construyó un avión de guerra hecho con sus manos. Yo no paraba de jugar con él. Supe de la muerte de Vicens por la confidencia del secreto familiar por mi prima mayor, en este momento se me hundió el mundo, porque sin entender la magnitud de la noticia surgió el egoísmo de niño al pensar que, el otro avión que me construía, ya no lo recibiría. Después se me humedecieron los ojos por la pena que me invadía y mis lágrimas se juntaron con las de mi prima Núria. Durante esta estancia los lazos afectivos con las primas se estrecharon mucho y duraron muchos años, después la vida nos ha llevado a todos por caminos lejanos y perdidos.

Algunos podéis preguntaros sí este amor de pequeño fue correspondido. Pues sí y no, pero os daré una razonamiento que lo explica. Si, fue correspondido en secreto porque mi prima Núria una semana antes de casarse quiso verme para despedirse, ya que dentro de una semana marchaba hacia los Estados Unidos para vivir definitivamente. Cuando nos vimos me hizo un regalo de despedida devolviéndome aquella cajita con las dos piedrecitas que hacía casi veinte años yo le había regalado, diciéndome que siempre me había querido y que, cuando tenía 14 o 15 años ella —a su manera— me lo había dicho.., pero como yo ya quería a otra chica no quiso insistir más... Nos dimos un beso y, de común acuerdo, tiramos la cajita y nos quedamos cada uno, una piedrecita que, de tantos años que estaban encerradas con el lecho de pétalos de jazmín, aún hoy día hace olor... Un símbolo insignificante de un amor sincero pero frustrado...


© Lluís Busom i Femenia